Chascarrillos

Chascarrillo: "Anécdota ligera y picante, cuentecillo agudo o frase de sentido equívoco y gracioso" (Diccionario de la RAE).

Todo parece indicar que, en nuestro país, el único beneficiario de la crisis económica es el Partido Popular. En realidad se trata de una terrible paradoja ya que las criticas que los populares lanzan, siempre imprecisas y de carácter genérico, día sí y día también, sin piedad y de manera contundente hacia el gobierno de Rodríguez Zapatero, no se suelen complementar con las propuestas alternativas que serian de esperar de los que aspiran a gobernar desde la Moncloa.

Los populares continúan ocultando a la población sus verdaderas intenciones. Dicen que hay que crear empleo; pero no con qué medidas, dicen que la situación es desastrosa, que lo es, pero siguen sin explicar cómo salir de ella.

A cualquier atento observador no se le debería escapar de qué manera piensan hacer frente a la crisis las gentes de Mariano Rajoy. Los populares obedecerían a pies juntillas las exigencias exteriores y atajarían por el camino que ya vemos como cuaja en la Cataluña convergente de Artur Mas. Allí, en el parlamento catalán, los recortes sanitarios y en beneficios sociales se han evidenciado en unos presupuestos totalmente apoyados por el Partido Popular el cual, a más a más, obtiene el beneficio de poseer un alcalde de claros tintes xenófobos en Badalona con la aquiescencia de CiU.
Estamos ante una de las mayores estafas políticas de la democracia. Ahora, a poco tiempo de las elecciones generales, con un mapa azul de envergadura, toca continuar erosionando al gobierno para que tome las medidas que, en cualquier caso, si el PP gobernara también tomaría, pero con contenidos aún más lesivos para los intereses de la mayoría de la población.

Ahora, recortes en cargos y sueldos que no son más que el chocolate del loro por su escasa entidad y después veremos fallecer el Estado del Bienestar con recortes drásticos en áreas como la sanidad y la educación así como en las prestaciones sociales. ¿Alguien lo duda?

Los populares saben que la crisis deteriora seriamente el apoyo popular de todos los gobiernos que la gestionan. Tanto la derecha como la izquierda política, de Sarkozy y Berlusconi a Papandreu y Zapatero, incluso la conservadora Angela Merkel recoge un desgaste entre sus electores. Así lo evidencian las últimas elecciones regionales francesas, los recientes comicios municipales en Italia o el fuerte retroceso del partido conservador alemán en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt donde los verdes duplicaron sus resultados electorales.

Por supuesto, la crisis desgasta con mayor virulencia a los gobernantes de los países europeos más débiles: Grecia, Irlanda y Portugal y en una situación comprometida se encuentra España. Los populares centran todas sus esperanzas y estrategias en ahondar en la erosión que la situación provoca para obtener beneficio electoral. Vaya por delante mi disconformidad con las medidas que toma el gobierno socialista. Considero que hay otros caminos para hacer frente a la crisis que no sea sobre la base de incrementar el sufrimiento de la mayoría, pero me indigna –hay muchas razones para indignarse– ver el oportunismo político de los que utilizan la crisis sólo con el objetivo preferente de alcanzar el poder, a cualquier precio, sin escrúpulos y sin sentido de la responsabilidad
Si alguien duda de lo que hasta aquí expuesto baste con observar y oír las reiteradas interpelaciones de Soraya Sáenz Santamaría o de Pío García-Escudero quienes a fuerza de repetir chascarrillos y ocurrencias exclusivamente dirigidas al rédito electoral, una en el Parlamento y otro en el Senado, han llegado a hartar de tanto espectáculo circense al común de los mortales hastiados de tantos sarcasmos y frivolidades a costa de una crisis que afecta a muchos y de la cual todo indica que sólo intentan sacar tajada.

Palma, 24 de julio 2011

Indignados: ¡indignaos!


En el frontispicio de los recientes movimientos contestatarios de nuevo cuño se encuentra el alegato a la rebeldía que contiene la obra de Stéphane Hessel cuyo título ¡Indignaos!, ofrece, una clara propuesta de movilización, siendo su eje básico la irritación que una amplia franja de la población manifiesta con las medidas tomadas ante la crisis económica que lesionan gravemente los intereses de amplios sectores de la sociedad.

Las movilizaciones también evidencian un cierto agotamiento del modelo político que sustenta las democracias occidentales que padecen un alejamiento creciente entre el mundo de la denominada “clase política” y el resto de la población.

El éxito editorial de la obra sugiere esa articulación de la protesta, cuyo denominador común es el descontento, que a su vez también propicia apatía y el descreimiento. No es para menos ya que una simple observación del comportamiento del mundo de la política y las finanzas nos muestra de qué manera son los olvidados de la tierra, los más débiles, los que deben responder con su sacrificio a las medidas que los gobiernos toman obedeciendo las directrices procedentes de los poderosos.

El lujo y el despilfarro, acompañado por una obscena política que continúa primando a los altos ejecutivos de la banca y de las grandes empresas, es el reverso de una sociedad con una tasa de paro insultante, un mundo laboral con derechos en proceso de precarización y un deterioro de las conquistas que determinaron el denominado Estado del bienestar que se encuentra ante el peligro de perder sus mejores atributos.

Si existe una coincidencia con los movimientos contestatarios que protagonizan las revueltas en el mundo árabe, especialmente en el norte de África, es la indignación. Unos se empeñan en conquistar una sociedad plena en derechos democráticos hallándose frente a longevas dictaduras que no dudan en actuar de manera intolerablemente agresiva hacia sus propios ciudadanos. Otros encarnan la protesta de los que muestran su alejamiento de un modelo, formalmente democrático, pero que excluye a la ciudadanía de los procesos de toma de decisión reduciendo al compromiso político al voto cuatrienal.

En ambos casos Internet y las redes sociales como Facebook o Twitter juegan un interesante y novedoso papel de intercomunicación horizontal como instrumento que cohesiona criterios y propicia voluntades comunes especialmente entre los más jóvenes que no aceptan la resignación. Estas nuevas formas de comunicación tienden a romper el monopolio ejercido por los medios de comunicación clásicos y de los partidos políticos como poseedores exclusivos de la formación de la opinión pública y la emisión de propuestas, críticas o análisis.

Una larga fase de liberalismo desaforado ha derivado en una crisis económica y financiera provocada por el descontrol de unos poderes sin escrúpulos cuya dinámica sólo obedece a la ley del máximo beneficio. La crisis ha puesto de manifiesto las desigualdades de los diversos territorios que comparten el proyecto europeo, la fragilidad de sus economías y un evidente cuestionamiento de los fundamentos que sostienen los sistemas más avanzados de estabilidad social.

La indignación se ha convertido en un elemento homogenizador de la protesta sin considerar un programa alternativo que muy probablemente nunca aparezca ya que te intentarse se podría en evidencia una causalidad heterogénea. La pelota, pues, continúa en el tejado de los partidos políticos que, en general se muestran como un verdadero embudo que obstaculiza la participación y denigra el ejercicio del compromiso ciudadano con la cosa pública como evidencian los casos de corrupción política.

Situar el problema de la actual esquema bipartidista y el simultáneo empobrecimiento de la vida política en el ámbito exclusivo de la reforma de la Ley Electoral, ya sea introduciendo un sistema de mayor proporcionalidad en la representación o la aplicación de criterios de listas abiertas, no creo sea una solución real ya que, sin menospreciar sus efectos positivos, no incidiría en el verdadero problema el cual está ubicado, a mi entender, en el interior de los partidos políticos que muestran una escasísima estructura democrática y un control efectivo de clanes sujetos a intereses orgánicos sin considerar el servicio público como eje central de su actividad.

No basta con limpiar las candidaturas y a la vez mantener los esquemas participativos espurios que han posibilitado la ineficacia, la corrupción y una idea egoísta e incívica de la participación política.

Y con todo, uno esta convencido que no votar es una manera más de propiciar que lo que no gusta sea una realidad que también se nutre del retraimiento de demasiados electores.

Palma, 2011-05-18

Pep Vílchez

A 80 anys de la II República


Hores d’ara existeix una amplia bibliografia referida als anys de vigència de la II República, poc a poc els estudis seriosos a les illes, a cadascuna de elles i arreu de l’Estat espanyol ens donen a conèixer els trets fonamentals d’aquell període. Els ulls dels investigadors seriosos que miren cap a aquells anys ho fan des de la perspectiva d’avui però, sense vulnerar els fets, incidint cap a criteris interpretatius des de l’òptica democràtica, com no podia ser d’altra manera.

La victòria dels republicans no fou bèl·lica, de fet patí una derrota de greus conseqüències: repressió, exili i una llarga i dolorosa dictadura. No obstant la victòria moral, la que a la llarga possibilità el seu reconeixement, fou la de la democràcia. Hi ha qui no sap distingir entre un règim democràtic i el setge que els totalitarismes de caire feixista practicaren durant els anys trenta i quaranta contra totes les democràcies fins que la lluita del pobles va aconseguir restituir l’hegemonia dels valors democràtics després de la derrota dels règims nazi-feixistes.

Per això, els que hores d’ara encara obstaculitzen la memòria democràtica, ens mostren, agradi o no, una intolerable complicitat amb els feixismes. Avui els podem reconèixer, amb tota claredat, en aquells que s’oposen a la dedicatòria del Mur de la Memòria redactada per l’escriptor Llorenç Capellà o en aquells, sempre els mateixos, que no desitgen la restitució de la dignitat de les víctimes del franquisme.

Un any més, doncs, cal recordar públicament l’aportació dels demòcrates que lluitaren i patiren pels ideals que avui són internacionalment reconeguts com són els de les llibertats polítiques democràtiques fonamentades en el respecta escrupolós dels Drets Humans arreu del món..

Pep Vílchez

14 d’abril 2011

Su único objetivo

Ninguno de los gobiernos de los países afectados por la crisis financiera pudo prever la magnitud y las consecuencias económicas del crack. La reacción de los poderes políticos fue un arrebato de primeros auxilios que supuso un enorme desembolso, procedente de las arcas públicas, destinado al rescate de las entidades financieras e incluso de importantes sectores industriales –como sucedió con empresas automovilísticas.

El gobierno de Rodríguez Zapatero, vinculado a una política de corte socialdemócrata en lo económico y progresista en relación a la ampliación de derechos individuales y colectivos, reaccionó negando la evidencia por la convicción, compartida por amplios sectores de la banca, el comercio y la industria, de que asumir la presencia de la crisis provocaría su aceleración y desarrollo.

En el Estado español, la crisis generalizada destapó una latente situación anómala en el sector inmobiliario, la denominada burbuja, largamente alimentada por la banca a través del crédito a la promoción constructiva y un fácil acceso a la propiedad por la vía del crédito hipotecario.

El dinamismo del anterior crecimiento económico resultó fatal al no fundamentarse en la economía productiva y ceñirse al desembolso financiero, fomentando el endeudamiento interbancario –especialmente con la banca francesa y, en menor medida con la alemana–, empresarial y de las economías domésticas lo que se convirtió en un verdadero talón de Aquiles de la economía española.

La crisis afectó de lleno al sector de la construcción. La especulación se había adueñado del negocio inmobiliario provocando una subida sostenida y desorbitada del precio del suelo y de los bienes inmobiliarios, apareciendo personajes característicos cuyo perfil nos ofrece la faz del período, baste con citar al llamado El Pocero o la hiperactividad de un Enrique Grande.

La especulación aceleró la corrupción política generalmente vinculada al pelotazo inmobiliario y al impulso de grades proyectos faraónicos que hoy están en entredicho al sumarse despilfarro, ineficiencia y corrupción, como muestra basta con evocar los casos objeto de proceso judicial que se siguen en Mallorca, por cierto, exclusivamente protagonizados por la derecha política a través de la gestión del Partido Popular y Unió Mallorquina.

Son los años del efecto llamada que determinó la llegada de cientos de miles de inmigrantes atraídos por el espejismo de una economía en constante crecimiento. De ese festín participaron tanto los gobiernos de Rodríguez Zapatero como los de José María Aznar así como municipios y comunidades autónomas con independencia de su signo político.

De hecho, la situación de unas arcas públicas repletas coadyuvó a que los gobiernos de Zapatero activaran el desarrollo del gasto social proteccionista. Era la hora de repartir y de desarrollar una loable política de ampliación de derechos sociales, aunque exclusivamente sustentada en el espejismo desarrollista.

La primera reacción del gobierno de Zapatero frente a la caída de la actividad se limitó al incremento del gasto público, con el objetivo de reducir el impacto de los efectos nocivos del crecimiento del desempleo, poniendo en marcha el llamado Plan E financiado por lar arcas del Estado, gestionado en gran parte por los municipios y destinado a fomentar la actividad de las empresas privadas beneficiadas de la contratación de obra pública. Paralelamente se adoptaron importantes medidas de ampliación de la cobertura económica de los desempleados.

Esas actuaciones, que hoy cabe considerar miopes e improvisadas, partían de la convicción de que con estas medidas era susceptible desactivar la desaceleración por la creencia de encontrarse ante una crisis de ciclo corto. Esta percepción afectó a múltiples países perdurando hasta colisionar con la evidencia de hallarse ante una crisis de largo alcance, cuya magnitud y profundidad en Europa quedaba demostrada por el caso griego y la caída del paradigma neoliberal irlandés.

La realidad mostró una situación mucho más compleja que destapó todos los antagonismos que el sistema de mercado venía arrastrando. La globalización y la irrupción en la economía de mercado de los antiguos países de la COMECON, la penetración en los mercados de la liberalizada economía china, la eclosión de las economías de parte del sudeste asiático, así como de países emergentes de amplia base poblacional como India o Brasil, provocó un severo desajuste en la correlación de fuerzas internacional surgida de los conflictos bélicos mundiales del siglo XX.

El hundimiento griego puso en evidencia la gravedad de una situación que amenazaba seriamente la estabilidad del proyecto europeo. Las economías más débiles pasaron a estar en el punto de mira de los mercados de adquisición de deuda pública que desconfiaban de su solvencia. Al rescate de Grecia, le sucedió Irlanda y Portugal tiembla ante la posibilidad de la irrupción desestabilizadora; España aparece como la posible víctima siguiente.

En este contexto, el gobierno socialista adopta un cambio radical en su política económica y se pliega sin fisuras a las exigencias externas con el fin de poder garantizar la fiabilidad suficiente para poderse nutrir de la financiación necesaria, por la vía de le emisión de deuda pública, que se encuentra amenazada por una política de tipos elevados. De ahí la congelación de las pensiones y de los salarios de los funcionarios públicos, le Reforma Laboral y los proyectos de modificación del sistema de pensiones.

Así las cosas, no es razonable pensar que el Partido Popular posea otra política que la que está aplicando en la actualidad el gobierno de Rodríguez Zapatero y, en cualquier caso, si en algo diferiría sería en una mayor dureza en las medidas de ajuste, lo cual, con seguridad, redundaría en un mayor menoscabo de los derechos y condiciones de vida de los ciudadanos, incluidos pensionistas y funcionarios.

No podría ser de otra manera ya que no poseen otra política que la del recorte del gasto público y, por tanto, se miente por omisión al ocultar a la opinión pública las verdaderas intenciones negándose a concretar las medidas que en su caso adoptarían. Del partido de Mariano Rajoy sólo consta fehaciente existencia de una actitud oportunista: el beneficiarse de la crisis con el único objetivo de la toma del poder político, primero en municipios y comunidades autónomas y, posteriormente, en la Moncloa.

Pero, la realidad es que esta situación relatada, no es percibida así por parte de los que verdaderamente acaban decidiendo el color de los futuros gobiernos. Me refiero a los llamados indecisos, amplio sector del electorado que suele coincidir con la franja más desinformada de la población y, por tanto, la que presenta mayor posibilidad de ser engañada y manipulada.

El único mérito que poseen Rajoy y los suyos es el no hacer nada y obstaculizar la recuperación económica y el desmérito que les acompaña no es otro que el estar anclados en la mentira como estratégica que les facilite deshacerse del lastre de la corrupción política y presentarse como salvadores, aunque sea sin salvavidas.

Diga lo que diga José María Aznar, no es imaginable que Mariano Rajoy, en el supuesto de alcanzar plaza en la Moncloa, hiciera odios sordos a las tiranas exigencias de los mercados.
Palma, 16 enero 2011-01-14

Pep Vílchez
Publicat a Diario de Mallorca, 21/01/2011

Los gitanos

"Hace ocho días me quedé extasiado ante un campamento gitano que se había establecido en Rouen… Lo admirable es que a pesar de ser inofensivos como corderos excitaban el odio de los burgueses. Este odio se debe a algo muy profundo y muy complejo. Es el odio que se tiene al beduino, al filósofo, al poeta, y hay miedo en este odio. Este odio me exaspera, a mí que estoy siempre a favor de las minorías".


Gustave Flaubert (carta a George Sand).

Aún hoy, el origen de los pueblos gitanos se encuentra envuelto en el misterio y, en muchos casos, la fábula. Ya la propia palabra gitano se deriva de la errónea creencia de una supuesta procedencia egipcia. En el transcurso del tiempo se han sostenido insólitas ideas sobre su origen, entre ellas la de una supuesta vinculación con una de las tribus judías extraviada en su huída del cautiverio en el Egipto faraónico. Incluso se ha llegado a sostener la leyenda de ser una comunidad condenada a vagar por el mundo por haber sustraído los clavos del Cristo crucificado.

Lo cierto es que los orígenes de los pueblos rom (rhom) o romaníes se hallan inmersos en el terreno de las conjeturas y, entre las más verosímiles se sitúan sus ancestros en una zona ubicada entre la actual India y Pakistán aunque se desconocen las causas reales que determinaron su desplazamiento hacia el occidente europeo. Tal como pasó con el pueblo judío, los gitanos cargan con la estigmatización practicada por las comunidades estables que observan con prevención todos aquellos comportamientos ajenos a las identidades nacionales.

En esta temática, generalmente, se ha impuesto una visión integracionista de carácter asimilador la cual ha sido, en mi opinión, uno de los obstáculos que han dificultado su aceptación, ya que ello excluye un acoplamiento que respete aspectos de carácter identitario vinculados a su idiosincrasia. En este camino, las medidas tomadas por el presidente francés Sarkosy, que han determinado la expulsión del territorio galo de las comunidades gitanas procedentes de Rumania, abundan en el alejamiento de las vías propiciatorias a un acercamiento hacia una problemática visiblemente vinculada con la pobreza, la miseria, la segregación y el rechazo social.

Según fuentes del Banco Mundial, de los siete a nueve millones de ciudadanos gitanos existentes en Europa, unos 2 millones viven en Rumania. Este es, pues, uno de los países europeos que cuenta con una mayor número de gitanos y, a su vez, el lugar donde han sufrido mayor discriminación y persecución a lo largo de la historia. Baste decir que hasta 1864 no fue abolida la esclavitud gitana en suelo rumano. Tampoco podemos olvidar que entre los excesos de la barbarie del nazismo los gitanos fueron víctimas de una enorme crueldad ordenándose su internamiento y finalmente su ejecución en masa.

En nuestro país, donde reside una amplia y heterogénea comunidad gitana, poseemos muchos ejemplos de convivencia con las comunidades y personas de origen gitano aunque, evidentemente, aún pesan actitudes racistas y xenófobas. Así, podemos observar la escasa sensibilidad que acompaña a muchos de nuestros dirigentes, incluido el presidente de nuestro gobierno José Luis Rodríguez Zapatero quien ha optado por asentir ante las prácticas discriminatorias del presidente francés.

Pero el tono más agrio lo ha puesto la portavoz popular catalana Alicia Sánchez Camacho, con actitudes cercanas al Frente Nacional francés de Jean-Marie Le Pen como se demostró en su visita a los barrios rumanos de Badalona. En este caso, tanto el jefe del principal partido de la oposición, Mariano Rajoy que se ha mostrado valedor de la actitud provocativa de su portavoz en Cataluña, como el propio gobierno de Rodríguez Zapatero se muestran más cercanos a los discutibles planteamientos del conservadurismo francés que a la valiente y loable posición de la Comisaria Europea de Justicia, la luxemburguesa Viviane Reding o la del propio Presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durao Barroso.

Ni antes ni ahora, los reduccionismos integracionistas muestran utilidad efectiva como demuestra la tozuda realidad. Ni la segregación ni el rechazo son herramientas que deban utilizarse para generar un impulso que, partiendo del respeto escrupuloso a las identidades de los pueblos gitanos, posibiliten su paso hacia la modernidad de las sociedades multiculturales y al ejercicio de la plena ciudadanía fundamentada en el respeto hacia derechos individuales y colectivos, especialmente hacia las minorías étnicas, religiosas o lingüísticas.
29/09/2010

La crisis y el fin de la Historia

Suele ser frecuente atribuir a determinadas fechas un especial poder simbólico que nos indica un antes y un después. Así, cuando en noviembre de 1989 se produjo la caída del muro de Berlín y el consiguiente desplome del comunismo soviético algunos – Francis Fukuyama, 1992 – consideraron llegado el final de la confrontación ideológica entre los sistemas socialista y capitalista, augurando el fin de la Historia y el definitivo triunfo del neoliberalismo y del sistema capitalista.

Pero los acontecimientos no se fueron sucediendo de manera tan sencilla y la Historia, envidentemente, no sólo no finalizó sino que abrió nuevos escenarios iniciados, convencionalmente, con el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre del 2001, que dio paso al surgimiento del terrorismo yihadista como nuevo enemigo global y proporcionó una falsa excusa para las guerras de Irak y Afganistán, al tiempo que agravaba la desestabilización de buena parte del mundo islámico y el recrudecimiento del conflicto palestino.

Otra fecha se nos antoja inicio de una nueva realidad, de un nuevo escenario: el 15 de septiembre de 2008, que coincide con la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers y el inicio de una crisis financiera de gran magnitud que pone en entredicho el orden económico vinculado al neo-liberalismo el cual, de presuntamente infalible, ha pasado a mostrar su incapacidad parar crear una prosperidad estable y duradera. De nuevo aparece el fantasma de la desigualdad vinculada a una inestabilidad que toca de lleno la credibilidad del sistema,

Recientemente Joaquín Estefanía realizaba la siguiente afirmación: La especulación es el corazón de la actividad financiera, cambiaria o bursátil, no una excrecencia del sistema. (Crecimiento o barbarie, El País, 16/05/10),

Pues, bien, esos especuladores – referidos por Estefanía en su artículo - son los que ahora se mueven y lucran entre los vendavales financieros, acechando sobre la inestabilidad de los mercados bursátiles provocando situaciones extremas que, como sucedió en la primer semana de mayo, generaron espectaculares caídas de los mercados de valores con fuertes pérdidas auspiciadas por el fantasma de la crisis griega y la inconsistencia de economías frágiles como la española o la portuguesa.

Fue esta situación la que determinó la urgente reunión, el 10 de mayo en Bruselas, de los ministros de Finanzas de la zona euro en el denominado Consejo de Economía y Finanzas (Ecofin) a la cual asistió la ministra de Economía, Elena Salgado, quien explicitó a los medios de comunicación el interés comunitario en respaldar la moneda europea con la decisión de crear un fondo anticrisis de 750.000 millones de euros en defensa de la zona euro frente los ataques de los especuladores.

Se abría así la vía del “cambiazo” en la política del gobierno de Rodríguez Zapatero el cual, inmerso en la confusión y el desaliento, se apresura a utilizar las recetas del Fondo Monetario Internacional y las exigencias de sus socios europeos con el fin de recortar drásticamente el endeudamiento público, aplicando un ajuste duro en el marco preferente del recorte de los gastos de Estado.

La premura de las decisiones con altas dosis de improvisación colisiona con una realidad compleja cuyo origen se sitúa no sólo en los desajustes de la crisis financiera internacional y en el gasto público sino en las peculiaridades del espejismo creado por el “boom inmobiliario” que ha dado paso a la creación de una “burbuja” que ha arrastrado el déficit de la deuda privada de empresas, bancos y particulares, al límite de la catástrofe.

Ahora, las consecuencias de la era del ladrillo, la corrupción y la financiación irresponsable que tan bien personalizan determinados promotores inmobiliarios de sobra conocidos y los gerentes políticos del desarrollismo, las pagan los que menos tienen: pensionistas con emolumentos congelados, funcionarios con sueldos rebajados y el inexorable crecimiento de las tasas de paro fruto del retraimiento económico provocado por las medidas de contención propuestas por el gobierno y aprobadas por el parlamento con el escuálido respaldo del PSOE.

Por si fuera poco, el FMI – al igual que otras organizaciones, como la propia OCDE - , exige al gobierno una urgente reforma laboral que, como es de sobra conocido, tiene como objetivo prioritario una mayor flexibilización de los contratos de trabajo, el abaratamiento del despido y la desigualdad salarial entre grupos homogéneos hasta ahora vinculados a los resultados de la negociación colectiva. Con toda probabilidad, de ahí surgirá el inicio de una reforma aprobada al margen de la negociación entre los agentes sociales, decretada unilateralmente por el gobierno lo cual agudizará el conflicto social y propiciará la movilización generalizada de los sindicatos mayoritarios CC.OO y UGT lo que previsiblemente culminará con una convocatoria de huelga general.

Ante esta situación mucho se habla de implicar a los que más tienen, pero todo indica que no es más que una pantalla para ocultar el hecho de que el peso de los sacrificios recaerá sobre las clases populares: asalariados, parados y pensionistas.

Al mismo tiempo, el PP, principal partido de la oposición, no posee otra política que oxigenarse a través de los problemas del país y para tal objetivo no duda en aprovechar la desgracia de tantos y tantos para conseguir su único propósito, la conquista del poder político, al tiempo que intenta ocultar los efectos nocivos de los casos de corrupción que le salpican de manera persistente y generalizada incluyendo una presunta financiación ilegal del propio partido como apuntan los indicios investigados por la justicia en Valencia y Baleares y todo lo que se va conociendo de la trama Gürtel.

Pero, ¿tienen los gobernantes otros recursos que no sea asaltar los bolsillos de los que menos tienen? Seguro que si, pero eso no se improvisa. Expongamos un caso evidente: el fraude fiscal. Técnicos de la Agencia Tributaria sostienen que si España lograra bajar el fraude diez puntos porcentuales, lo que nos situaría en la media de la Unión Europea, significaría aflorar 90.000 millones de euros y recaudar 25.000 millones de euros adicionales, sólo por impuestos.

Pero la realidad es la que subyace en un país donde se calcula que el 80 por ciento de las operaciones con billetes de 500 euros son fraudulentas, no faltando ejemplos ilustrativos en las corruptelas locales, siendo el caso más significativo, por su relevancia, la aceptación en sede judicial, por parte del que fuera conseller de Economía y Hacienda y ex presidente del Govern Balear, Jaume Matas, de haber defraudado al fisco de manera suculenta y continuada.

Para aumentar los ingresos del Estado por la vía recaudatoria, persiguiendo el fraude, se necesita previsión y tiempo, el mismo que no se utilizó para atajar ese diferencial que tanto nos aleja de los modelos económicos y sociales más solventes de Europa y que obstruye y dificulta la implantación de un modelo de protección social imprescindible para el desarrollo de un de Estado del Bienestar consistente y viable.
Pep Vílchez
28/05/2010

Ay de los vencidos!

En los mismos inicios de la guerra civil española el corresponsal norteamericano Jan Allen publicaba - el 28 de julio de 1936 - en el Chicago Tribune una entrevista realizada en Marruecos al general golpista Francisco Franco. En un momento determinado de la misma el general afirmaba su voluntad de seguir adelante a cualquier precio, a lo que Allen contestó afirmando tendrá que fusilar a media España y, a reglón seguido, Franco movió su cabeza, sonrió y luego, mirándole fijamente, replicó: Dije a cualquier precio.

La voluntad exterminadora del jefe de los golpistas se vio culminada con creces. Al final de la trágica contienda, la voluntad de los resistentes republicanos no fue otra que evitar las represalias de los vencedores. Ninguna de las facciones republicanas consiguió sus objetivos. Ni los partidarios de la resistencia a ultranza encabezados por Juan Negrín ni los que abogaron por una capitulación vergonzosa consiguieren paliar la obsesión represora de los sublevados que desencadenaron una vengativa gestión de la victoria militar que perduró decenios. La represión fue amplia, profunda y largamente ejecutada, sin piedad. Los hechos son de sobra conocidos.

Hoy, cuando todavía los cuerpos de muchos asesinados moran en lugares desconocidos, en fosas comunes, muchos de ellos aún sin identificar, víctimas de un largo olvido, en la superficie siguen enseñoreándose del espacio público monumentos dedicados a la memoria de los vencedores con el objetivo de enaltecer sus gestas bélicas. Este es el caso del monolito de Sa Feixina dedicado al crucero Baleares.

La actitud pusilánime del consistorio palmesano – acompañada por un baile de informes de dudosa imparcialidad-, nos muestra el temor –¿será el mismo de siempre, el que acompañó al largo período de ignominia franquista, que aún pervive entre el imaginario colectivo? – que impide la ejecución de lo que la Ley de la Memoria Historia impone: la eliminación del monumento fascista de Sa Feixina.

No será en esta cuestión en la que el sentimiento democrático de la mayoría del consistorio palmesano haya brillando con más fuerza, al contrario será el símbolo de la vergonzosa persistencia de la sentencia atribuida a Tito Livio : ¡Vae victis!

Pep Vílchez
01/02/2010

El sainete italiano de García Ruiz

El 27 de agosto de 1936 arribaba al puerto de Palma el carguero Morandi procedente de Italia. A bordo del buque llegaron a la ciudad personal técnico y militar italiano entre los cuales se encontraba el experto aviador Luigi Cirelli – que había participado, junto a Italo Balbo, en el mítico vuelo Roma-Chicago en 1933 y que en realidad se llamaba Leone Gallo – quien se convertiría en jefe de la Aviación Legionaria Italiana de Baleares durante buena parte de la contienda civil.

Primeros pilotos-mecánicos italianos llegados a Mallorca

Entre el pasaje también viajó Arconovaldo Bonacorsi, jefe del Fascio de Bolonia, cruel escuadrista y hombre de confianza del Duce Mussolini, quien, tras hacerse llamar conde Aldo Rossí, protagonizó el liderazgo de la resistencia de la rebelión militar ante la comprometida situación generada tras el desembarco republicano en las
costas cercanas a Manacor.

Miting de Rossi en Manacor, a su izquierda: Alfonso de Zayas

El Hotel Mediterráneo fue testigo de la estancia del pintoresco personaje y Mallorca testimonio de las consecuencias de las sanguinarias consignas del impostor italiano: ¡Tutti i rossi fucilati¡ Julià Adrover, sacerdote teatino, sirvió de traductor y acompañante al organizador de los llamados Dragones de la Muerte, formación para-militar compuesta por un nutrido grupo de escopeteros.


La instantánea nos muestra al grupo paramilitar denominado Los Dragones de la Muerte

Pero el material más preciado se hallaba en las bodegas del Morandi. Allí, desmontados, se hallaban tres modernos cazas CR-32 y tres hidroaviones bombarderos Savoia-51. Durante toda la noche se trabajo duro en el montaje de los aparatos. A la mañana siguiente Luigi Cirelli hizo su primera aparición en el cielo de Porto Cristo anulando la supremacía área de los hidroaviones republicanos que se mostraron impotentes ante el desigual encuentro.

La aviación italiana sobrevuela la isla de Mallorca


Desde entonces la presencia militar italiana no dejaría de crecer jugando un papel determinante ya que desde los aeródromos mallorquines se acosó permanentemente la zona republicana levantina y catalana con un cruento saldo de destrucción y muerte.

Además de los aviones, el Moradi trasportó combustible, ametralladoras tipo Breda, munición artillera antiaérea, y un nutrido cargamento de bombas y otros pertrechos militares. Con la llegada del buque tomaba cuerpo la decisión de Benito Mussolini de arropar a los militares sublevados en Mallorca y, así, adelantar la toma de una pieza estratégica a manos del fascismo italiano en el Mediterráneo occidental, lo que no pasó desapercibido en Francia e Inglaterra.

Unos días después, a primera hora de la mañana del 31 de agosto, tuvo lugar una reunión a bordo del crucero italiano Fiume, anclado en la bahía de Palma. Según testimonio de uno de los asistentes -el teniente coronel Luís García Ruiz-, por indicación expresa, los asistentes fueron de paisano para no levantar sospechas en el crucero inglés, presente en las mismas aguas en funciones de vigilancia fruto del acuerdo de No Intervención, accediendo al buque por la parte que no podía ser avistada desde el navío británico.

En el referido encuentro, junto a los italianos Margottini, Aldo Rossi, Cirelli y De Francesco, participaron, entre otros, Juan March Servera, Mateo Torres Bestard, el notario Arranz, García Ruiz y el jefe de Falange Alfonso de Zayas. En la reunión, se adoptó la estrategia militar sugerida por el mando italiano el cual se hallaba firmemente comprometido con los rebeldes.

La primera aseveración que partió de los labios de comandante Margottini, al mando del crucero italiano, fue advertir que aquella reunión nunca había tenido lugar. Tras exigir el relevó del mando de las tropas del frente de Manacor aprestó a que con urgencia se procediera a la movilización de todas las reservas y milicias de la isla. A Margottini se le hizo saber, a reglón seguido, que en la noche anterior había sido destituido el coronel Ramos Unamuno del mando de la defensa militar de la zona del desembarco para ser sustituido por el propio García Ruiz.

La expedición republicana, organizada desde Barcelona por el gobierno de la Generalitat y el Comité de Milicias Antifascistas y comandada por el capitán Alberto Bayo, se hallaba sentenciada. Una operación improvisada – como casi toda la inicial resistencia frente a los militares golpistas – se vio sorprendida ante la presencia de modernos aparatos pilotados por expertos aviadores lo cual complicó la ya de por sí compleja operación.

La hazaña del teniente coronel de ingenieros García Ruiz no fue otra que situarse al frente de la defensa militar en el momento oportuno en que se abría paso la nueva realidad forjada por la presencia italiana. Posteriormente, el coronel Ramos Unamuno, junto con otros destacados militares, seria encausado y condenado por las autoridades rebeldes.

El teniente coronel Luis Garía Ruiz, medalla en pecho


Las circunstancias vividas en Manacor y las poblaciones circundantes extendieron la práctica de una feroz represión. Todos los que poseían significación republicana fueron fieramente perseguidos siendo muchos de ellos vilmente asesinados en una orgía de muerte que tuvo como escenario preferente el cementerio de Son Coletes. La isla tembló ante la crueldad de los sublevados y el terror que incita al olvido se extendió en el tiempo hasta tal punto que, aún hoy, hay quien clama por sepultar a las víctimas del olvido cuyo recuerdo surge inexorable entre las gentes de bien.

El conde Rossi desfila a caballo por las calles de Palma


 Tras el reembarco de las fuerzas del capitán Bayo, la pírrica victoria fue aireada por las calles de Palma organizándose un vistoso y entusiástico desfile donde no falto la destacada presencia del conde Rossi encaramado a lomos de un vistoso corcel.

Bien seguro que entre los protagonistas de aquel evento se hallaban buena parte de los, que asistieron al fusilamiento público del alcalde republicano de Palma Emili Darder, del diputado y dirigente socialista Alexandre Jaume, del alcalde de Inca Antoni Mateu y del potentado republicano Antoni Maria Ques, acto que fue clamorosamente aplaudido por los que presenciaron el asesinato en el cementerio de Palma.

Ahora, el pleno del Ayuntamiento de Manacor, por acuerdo de los partidos con representación en el consistorio, ha dispuesto dejar sin efecto los títulos de honor concedidos al dictador Francisco Franco y al teniente coronel Luís García Ruiz. Justa decisión que sin duda ayuda a reconciliar al presente democrático con los valores de la libertad y la justicia.

Pep Vílchez
08/05/2009

En cumplimiento de la Ley

La Asociación de la Memoria Histórica ha trasmitido al Ayuntamiento de Palma su “desánimo” ante la pasividad y silencios del consistorio palmesano ante las demandas de una entidad entre cuyos objetivos está el remover los obstáculos que dificultan la aplicación de la Ley de la Memoria.

En este contexto es de especial relevancia todo lo que se refiere a la persistencia en espacios públicos de elementos simbólicos cuyo origen está en la voluntad de magnificar la victoria del fascismo sobre una buena parte de sus propios conciudadanos condenados a sufrir represión, silencio y olvido.

En cualquier caso, todo parece indicar que la mayoría política progresista que gobierna el Ayuntamiento de Palma sostiene una actitud confusa o, más propiamente, timorata, en las actuaciones relacionadas con la aplicación de lo dispuesto en la Ley de Memoria Histórica.

No obstante, la disposición legal es clara: “las administraciones públicas tomaran las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”. (Art. 15)

En consecuencia con lo expuesto: el monolito dedicado a los llamados Jinetes de Alcalá, construido en reconocimiento a un grupo de oficiales golpistas que jugaron un papel determinante en el triunfo del golpe militar en la Mallorca de 1936, y por extensión “a todos los que tan heroicamente lucharon y consiguieron salvar esta isla del dominio rojo”, debe desaparecer. Con su desaparición se trata de propiciar la apertura de espacios ciudadanos de concordia sin que sea necesario ningún quid pro quo, como algunos han sugerido, al querer evocar en el mismo lugar y con el mismo elemento, a los funcionarios municipales represaliados por el franquismo.

Por otra parte, es preciso seguir denunciando el hecho de que en el callejero de Palma persisten referencias simbólicas estrechamente vinculadas al régimen franquista. El hecho bien pudiera obedecer al desconocimiento de los acontecimientos históricos que suele caracterizar a muchos políticos o sencillamente a cierta parsimonia que nos hace dudar de la existencia de una verdadera voluntad política de poner fin a esta situación discordante con los más elementales principios democráticos.

Sin ir más lejos, Julio Ruiz de Alda, acompañante de Ramón Franco en la travesía trasatlántica del Plus Ultra, continúa gozando de espacio en el callejero sin que quepa duda que tal razón tiene su origen en su papel como fundador de Falange Española.

Existen otros personajes que sostienen protagonismo en espacios públicos por obra de méritos de guerra, entre ellos se encuentra Joaquín García-Morato -experto piloto de guerra del bando rebelde. Incluso continúa existiendo una calle dedicada a Ramiro Ledesma Ramos, destacado teórico del nacional-sindicalismo y entusiasta defensor del régimen nacional-socialista alemán.

Entre los aspectos más llamativos de persistencia simbólica inadecuada está el de José Alemany Vich que da nombre a una calle de Palma por unos méritos vinculados a sus servicios de carácter militar prestados en el Este europeo. Alemany Vich actuó como oficial miembro de la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial, a las órdenes de la Wehrmacht, con juramento expreso de fidelidad a Adolf Hitler, compromiso que adquirieron todos los que formaron parte de la expedición divisionaria.

En este caso no se puede obviar que, aunque el protagonista, lamentablemente, perdiera la vida, formaba parte como oficial de unas fuerzas militares cuya actuación se situó en un frente de guerra en cuyos aledaños se encontraba una ciudad -entonces llamada Leningrado y hoy San Petesburgo- en la cual fallecieron más de un millón de personas –frío, hambre y guerra- como consecuencia de un asedio inhumano que duro más de 900 días.

Seria, pues, conveniente que el consistorio que preside la señora Aina Calvo hiciera concordar sus actuaciones públicas con el mismo espíritu reivindicativo que llevo a muchos de sus compañeros -que hoy forman parte de la mayoría municipal- a participar, cuando no gobernaban, a la cabeza de múltiples actos y manifestaciones que expresaban la necesidad de limpiar la ciudad de simbología fascista.

Pep Vílchez
11/06/2009

Bajo sospecha

No me extraña que en los ambientes populares exista clima de persecución. No hay para menos ya que es un hecho real que les afecta y toma cuerpo a través de la acción derivada del cumplimiento del deber por parte de fiscales, policía y jueces en búsqueda de actuaciones de carácter delictivo de cuya existencia constan claros indicios.

Una reiterada y persistente serie de evidencias nos demuestra que las irregularidades han concurrido en la gestión política de los populares de Baleares. Con mayor o menor grado delictivo, son hechos constatados -de Hidalgo a Rodrigo de Santos y de Escala a Espada- que han ido generado un continuo de situaciones con una variopinta variedad de anomalías que han derivado en públicos escándalos de notoria repercusión.

A estas alturas es necesario y razonable exigir que no se nos engañe más. Que se esclarezca lo que se tenga que aclarar y se deje de presionar para escabullir el bulto. Es hora de que el máximo responsable del desaguisado, Jaime Matas, comparezca y hable en el lugar que le corresponde: ante la Justicia.

Por su parte, el Partido Popular Balear ha de depurar responsabilidades entre sus filas, pero debe ser incuestionable que no han de ser los implicados activos o pasivos los que tienen que dirimirlas. El Partido Popular debe ofrecer nuevas caras que den credibilidad a sus actuaciones. Pero, lamentablemente, la actuación de los populares, hoy por hoy, alimenta la sospecha de que los movimientos de la cúpula –y no tan cúpula- popular balear son sólo parte de una estrategia netamente defensiva.

Estrategia defensiva que rige también la actuación del Partido Popular en los casos de corrupción que le afectan en el resto del Estado. En este contexto, ha tomado especial relevancia todo lo que se refiere al llamado caso Gürtel que pone en solfa la honorabilidad de la gestión vinculada con los niveles más elevados del partido. En demasiadas ocasiones observamos como en todo lo concerniente a éste caso se intenta cambiar la condición de sospechosos por la de víctimas de una persecución. A esa táctica no han tardado en sumarse los populares baleares despreciando la magnitud de sus irregularidades.

La última prueba de cómo se intenta enturbiar el ambiente y crear confusión, generando una reiterada cortina de humo, la hallamos en el tema de los espionajes, muy de moda tras los “éxitos” de nuestros agentes en Cuba. En Madrid la manía del fisgoneo ilegal ha propiciado un juego de escuchas y seguimientos entre miembros del mismo partido, populares todos. Es lícito suponer que si entre ellos utilizan ese tipo de prácticas ¿qué prácticas estarán dispuestos a realizar en contra de los otros, los que no son de su partido, los que ejercen una enojosa oposición?

Al hilo de lo comentado, cabe incluir el tema de las recientes declaraciones de María Dolores de Cospedal, quien ha denunciado que su partido es víctima de espionaje a la vez que reo de una actuación adversa intencionada por parte de los poderes públicos, presumiblemente controlados por el partido del gobierno y parte de una operación de acoso y derribo contra el PP.

La gravedad de estas acusaciones no viene acompañada por prueba alguna siendo lo más irritante que el eco de su osadía provoque la continuación de la idea a través de Javier Arenas con remate de Mariano Rajoy. La reacción popular no ha dejado de provocar un sonrojo general que ha provocado una airada reacción en el ámbito judicial y policial Todo el mundo sabe que las acusaciones delictivas deber ir directamente a manos de la justicia y de no ser así, se incurre en calumnia.

Paradójicamente, volviendo a Baleares, lo innegable es que Jaume Matas ha gozado de cierta protección por parte del fiscal general del Estado, Conde-Pumpido, quien ordenó archivar las diligencias informativas que se tramitaban en la fiscalía Anticorrupción de Balears sobre su incremento patrimonial. Tampoco parecen poseer mucho ánimo persecutorio las instrucciones emitidas por el delegado del gobierno, Ramón Socias, sobre el trato diferenciado que en dependencias policiales debían recibir los encausados por el llamado caso Espada vinculado al Palma Arena, ya que más bien denotan voluntad de enfriar el ambiente y dulcificar situaciones incómodas que otra cosa.

No sé si en este último caso fue correcto el trato policial hacia los detenidos. La verdad es que cualquier imagen de una persona esposada me resulta desagradable, tal vez como reminiscencia de mi aversión hacia aquellos que antaño esposaban por cualquier cosa. Pero lo cierto es que, con independencia de estos aspectos formales, el verdadero problema está en la actuación pública en el proceso de construcción del Palma Arena. Y en ese tema, los ciudadanos tenemos el derecho a saber porqué – un porqué minucioso – el presupuesto se engordó de la manera que lo hizo.

El dinero público no es sólo de nuestro interés porque procede de nuestro bolsillo, del de todos. El uso de los caudales públicos deber realizarse bajo una percepción de interés general ya que lo sustraído o malgastado va en detrimento de los beneficios colectivos que los ciudadanos esperamos recibir de cualquier gobierno.

Entre la derecha y la izquierda, entre un partido u otro, puede discutirse sobre el destino de las inversiones o la percepción de prioridades, al poseer sensibilidades diferenciadas sobre la idea del interés común pero, en ningún caso, se puede tener complacencia ante un saqueo de las arcas públicas cuya dimensión cada vez toma características más profundas y generalizadas.

Si todos estos escándalos no llegan a erosionar el apoyo electoral hacia el partido responsable sólo es debido a la existencia de una insensibilidad social impermeabilizada ante la realización de todo tipo de tropelías, lo cual no deja de ser altamente preocupante por lo que atañe a la salud democrática de nuestra sociedad.

En fin ... ahora sólo nos falta que vuelva Jaume Matas y nos lo cuente todo ya que sin él demasiadas cosas carecen de sentido.

Pep Vílchez
17/08/2009