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Bajo sospecha

No me extraña que en los ambientes populares exista clima de persecución. No hay para menos ya que es un hecho real que les afecta y toma cuerpo a través de la acción derivada del cumplimiento del deber por parte de fiscales, policía y jueces en búsqueda de actuaciones de carácter delictivo de cuya existencia constan claros indicios.

Una reiterada y persistente serie de evidencias nos demuestra que las irregularidades han concurrido en la gestión política de los populares de Baleares. Con mayor o menor grado delictivo, son hechos constatados -de Hidalgo a Rodrigo de Santos y de Escala a Espada- que han ido generado un continuo de situaciones con una variopinta variedad de anomalías que han derivado en públicos escándalos de notoria repercusión.

A estas alturas es necesario y razonable exigir que no se nos engañe más. Que se esclarezca lo que se tenga que aclarar y se deje de presionar para escabullir el bulto. Es hora de que el máximo responsable del desaguisado, Jaime Matas, comparezca y hable en el lugar que le corresponde: ante la Justicia.

Por su parte, el Partido Popular Balear ha de depurar responsabilidades entre sus filas, pero debe ser incuestionable que no han de ser los implicados activos o pasivos los que tienen que dirimirlas. El Partido Popular debe ofrecer nuevas caras que den credibilidad a sus actuaciones. Pero, lamentablemente, la actuación de los populares, hoy por hoy, alimenta la sospecha de que los movimientos de la cúpula –y no tan cúpula- popular balear son sólo parte de una estrategia netamente defensiva.

Estrategia defensiva que rige también la actuación del Partido Popular en los casos de corrupción que le afectan en el resto del Estado. En este contexto, ha tomado especial relevancia todo lo que se refiere al llamado caso Gürtel que pone en solfa la honorabilidad de la gestión vinculada con los niveles más elevados del partido. En demasiadas ocasiones observamos como en todo lo concerniente a éste caso se intenta cambiar la condición de sospechosos por la de víctimas de una persecución. A esa táctica no han tardado en sumarse los populares baleares despreciando la magnitud de sus irregularidades.

La última prueba de cómo se intenta enturbiar el ambiente y crear confusión, generando una reiterada cortina de humo, la hallamos en el tema de los espionajes, muy de moda tras los “éxitos” de nuestros agentes en Cuba. En Madrid la manía del fisgoneo ilegal ha propiciado un juego de escuchas y seguimientos entre miembros del mismo partido, populares todos. Es lícito suponer que si entre ellos utilizan ese tipo de prácticas ¿qué prácticas estarán dispuestos a realizar en contra de los otros, los que no son de su partido, los que ejercen una enojosa oposición?

Al hilo de lo comentado, cabe incluir el tema de las recientes declaraciones de María Dolores de Cospedal, quien ha denunciado que su partido es víctima de espionaje a la vez que reo de una actuación adversa intencionada por parte de los poderes públicos, presumiblemente controlados por el partido del gobierno y parte de una operación de acoso y derribo contra el PP.

La gravedad de estas acusaciones no viene acompañada por prueba alguna siendo lo más irritante que el eco de su osadía provoque la continuación de la idea a través de Javier Arenas con remate de Mariano Rajoy. La reacción popular no ha dejado de provocar un sonrojo general que ha provocado una airada reacción en el ámbito judicial y policial Todo el mundo sabe que las acusaciones delictivas deber ir directamente a manos de la justicia y de no ser así, se incurre en calumnia.

Paradójicamente, volviendo a Baleares, lo innegable es que Jaume Matas ha gozado de cierta protección por parte del fiscal general del Estado, Conde-Pumpido, quien ordenó archivar las diligencias informativas que se tramitaban en la fiscalía Anticorrupción de Balears sobre su incremento patrimonial. Tampoco parecen poseer mucho ánimo persecutorio las instrucciones emitidas por el delegado del gobierno, Ramón Socias, sobre el trato diferenciado que en dependencias policiales debían recibir los encausados por el llamado caso Espada vinculado al Palma Arena, ya que más bien denotan voluntad de enfriar el ambiente y dulcificar situaciones incómodas que otra cosa.

No sé si en este último caso fue correcto el trato policial hacia los detenidos. La verdad es que cualquier imagen de una persona esposada me resulta desagradable, tal vez como reminiscencia de mi aversión hacia aquellos que antaño esposaban por cualquier cosa. Pero lo cierto es que, con independencia de estos aspectos formales, el verdadero problema está en la actuación pública en el proceso de construcción del Palma Arena. Y en ese tema, los ciudadanos tenemos el derecho a saber porqué – un porqué minucioso – el presupuesto se engordó de la manera que lo hizo.

El dinero público no es sólo de nuestro interés porque procede de nuestro bolsillo, del de todos. El uso de los caudales públicos deber realizarse bajo una percepción de interés general ya que lo sustraído o malgastado va en detrimento de los beneficios colectivos que los ciudadanos esperamos recibir de cualquier gobierno.

Entre la derecha y la izquierda, entre un partido u otro, puede discutirse sobre el destino de las inversiones o la percepción de prioridades, al poseer sensibilidades diferenciadas sobre la idea del interés común pero, en ningún caso, se puede tener complacencia ante un saqueo de las arcas públicas cuya dimensión cada vez toma características más profundas y generalizadas.

Si todos estos escándalos no llegan a erosionar el apoyo electoral hacia el partido responsable sólo es debido a la existencia de una insensibilidad social impermeabilizada ante la realización de todo tipo de tropelías, lo cual no deja de ser altamente preocupante por lo que atañe a la salud democrática de nuestra sociedad.

En fin ... ahora sólo nos falta que vuelva Jaume Matas y nos lo cuente todo ya que sin él demasiadas cosas carecen de sentido.

Pep Vílchez
17/08/2009

Sombra aquí, sombra allá

En un clima de evidente indignación ciudadana, en un contexto de descreimiento generalizado hacia la política y los políticos, continúan aflorando en nuestra comunidad nuevos datos, procedentes de investigaciones policiales y de la Agencia Tributaria, que relacionan a altos cargos de Unió Mallorquina con presuntas anomalías de carácter delictivo que han provocado el surgimiento de un nuevo paquete de imputaciones vinculadas al caso denominado Operación Maquillaje.

Estos hechos se agregan a un complejo panorama, de difícil solución, que implica una indudable desestabilización de la gobernabilidad de las principales instituciones insulares, al estar imputados miembros del Govern y del Parlament Balear –incluida su presidenta–, del Consell Insular de Mallorca y del Ayuntamiento de Palma.

La extensión de las sospechas, acumuladas en distintos casos, afecta a un nutrido grupo de cargos públicos hoy imputados procedentes de las filas del Partido Popular y de Unió Mallorquina, lo cual nos muestra la faz de una legislatura, –la que pilotaron Jaume Matas desde el Govern Balear, Maria Antonia Munar, desde el Consell Insular y Catalina Cirer, desde el Ayuntamiento de Palma–, que no puede dejar de calificarse como vergonzosa y calamitosa.

Ellos son los máximos responsables políticos de la escandalosa experiencia vivida y los partidos que les dieron cobertura el vehículo imprescindible para dar pie a la situación comentada. Sobre ellos debe caer la responsabilidad de la vergüenza acumulada, día tras día, en un sinfín de irregularidades de puro escalofrío. Las víctimas: todos los ciudadanos y un Pacto de Progreso al que no han dejado gobernar arrastrándolo hacia la impotencia.

En su día, los resultados electorales proporcionaron un mapa político balear endiablado y que ofrece escasas posibilidades a la hora de encauzar la crisis institucional existente. La herencia de la pasada legislatura aparece como un inmenso lodazal del cual no dejan de surgir deformidades que ponen en tela de juicio la honorabilidad de buena parte de los políticos que la protagonizaron, con especial relevancia y protagonismo de los miembros dirigentes de las formaciones señaladas.

Hoy, tanto el PP como el PSOE carecen de la representatividad suficiente como para gobernar las principales instituciones en solitario, y, no es difícil adivinar, que un pacto PP-PSOE seria añadir mayor confusión e inestabilidad al no poseer ni respaldo popular ni credibilidad política. De producirse un pacto contra natura, el PSOE, sus dirigentes, abrirían la puerta a un escenario donde un partido con múltiples escándalos e irregularidades en su haber, limpiaría sus impurezas lo que facilitaría su vuelta al poder en el 2011 y, a su vez, dejaría en la estacada a sus socios, el Bloc per Mallorca, el cual si algo posee en su ejecutoria es la evidente honestidad de sus cargos públicos.

Unió Mallorquina continúa situada en el fiel de la balanza y, esta posición intermediaria, la misma que ha posibilitado otorgar un inmenso poder a su menguado grupo, continúa ensombreciendo y lacerando la vida política insular. En la solución de la crisis provocada por esas derechas, continúa pesando ese inmenso poder arbitral que la aritmética electoral ha otorgado al escuálido partido de la señora Munar y, de la misma manera que ese poder puede haberse utilizado para desarrollar actividades ajenas a la Ley, ahora puede ser utilizado para desestabilizar todas las instituciones donde se posee peso específico como instrumento defensivo de aquellos que están en el punto de mira de la justicia. Pero el principio del fin nos anuncia el único final razonable: que caiga sobre ellos el descrédito y todo el peso de la Ley.

Si Unió Mallorquina fuera lo que dice ser –un partido nacionalista– sacrificaría sus responsabilidades institucionales para facilitar una solución que permitiera finalizar con este bochornoso espectáculo. Y eso sólo es posible retirando de la vida pública toda –si, toda– la cúspide dirigente sospechosa de cometer numerosas irregularidades y, entonces, podría ser posible rehacer el buen nombre de nuestras instituciones democráticas y centrar los esfuerzos de nuestros representantes en la urgente tarea de trabajar en pos de los intereses generales y, primordialmente, hacer frente a los graves problemas derivados de la crisis económica que provocan paro y miseria a un buen numero de ciudadanos.

UM debe renovar profundamente sus estructuras y ofrecer nuevas caras que puedan pasar la prueba del algodón de la honradez. De lo contrario, lógico seria que los ciudadanos, los electores, tomaran buena nota y en las próximas contiendas electorales les situaran donde merecen: en el basurero de la historia.

Pep Vílchez
08/12/2009

La cançó del Cola-Cao

Un dels personatges més característics de l’entorn dretà que envolta el batle de Calvià, Carlos Delgado, i habitual comentarista defensor de les essències que formen el còctel reaccionari de l’ala dura del Partit Popular balear no ha dubtat a manifestar públicament que sentia «horror, asco e indignación» davant els escàndols coneguts a Mallorca. No n’hi ha per menys. No hi ha cap dubte que el veredicte del comentarista connecta amb la majoria de l’opinió pública, que comparteix les mateixes sensacions davant l’embolic organitzat als jardins de la casa popular.

Si observam l’origen de tan esfereïdora autocrítica, resulta que ens traslladam a l’entorn del Partit Popular més retrògrad que es recorda i que, en molts aspectes, ens retrotreu als temps d’Arias Navarro. Capitanejant l’encapçalament bronquista es troba el molt particular Carlos Delgado, defensor d’una sèrie de postulats de caràcter historicolingüístic dignes de ser recollits en l’antologia del disbarat.

No obstant això, sembla que no tot està perdut, ja que l’actual cúpula popular —encapçalada per Rosa Estaràs— manifesta sentir-se amb ànims d’enfrontar-se a la situació. Però, alerta!: la presidenta diu que només es fia del seu marit i dels seus fills. Vaja papereta!

Així, des de la convicció tan desmoralitzadora, es nomena un comitè d’honor, presidit per un dels pròcers de la dreta local —don Román Piña Homs—, i tot seguit es passa a acusar els altres de no fer com ells, que suspenen de militància els seus càrrecs implicats i creen comitès per vetllar per la integritat moral de la seva organització. Estratègia de la defensa: ventilador i cinisme per exculpar-se d’un vergonyós espectacle, la responsabilitat del qual és exclusiva dels seus protagonistes i dels que han permès, tolerat o encoratjat aquestes situacions.

Pel que fa a la decisió presa pel Partit Popular balear de personar-se com a acusació particular en els casos CDEIB i Turisme Jove, cal dir que, efectivament, pot obeir a una sobrevinguda voluntat de perseguir el desordre generat per la corrupció, encara que afecti l’organització popular, que és on ha trobat major acolliment a les Balears. Al cap i la fi, la tasca que centra l’interès de la dreta no és la corrupció —encara que sembli increïble— sinó l’exercici del poder polític en benefici de les seves múltiples i heterogènies causes, entre les quals no és absent l’interès pel lucre personal. Però la imatge corrupta no és rendible(ni rentable)electoralment, ja que l’allunya del poder.

Essent això aparentment així, no ha passat desapercebuda la sospita que en realitat l’interès de personar-se judicialment seria conèixer el contingut de la instrucció judicial per poder detectar-hi el grau d’amenaça que les indagacions puguin suposar per a destacats militants del partit que acapara l’escenari d’allò corrupte.

Per si no n’hi hagués prou, els càntics que amenitzen les hores al Jutjat número 4 de Palma han pujat de to fins a tal punt que l’exconseller de Comerç del Govern de l’absent Jaume Matas, l’actual diputat autonòmic Josep Juan Cardona, serà requerit per sumar-se a la coral que escenifica el cas Scala, cosa que obrirà el camí a noves interpretacions que puguin suggerir una notable ampliació de l’elenc melòdic i aproparà l’hora de la irrupció en un rabiós directe de l’eminent director de l’orquestra, qui després de la fuga ben bé podria interpretar una bona cantata.

En fi, passi el que passi i succeeixi el que succeeixi, no hi ha cap dubte que educació per a la ciutadania és una assignatura que s’ha d’impartir sense vacil·lacions i de manera seriosa i compromesa, encara que només sigui per inculcar entre les joves generacions uns valors cívics col·lectius que representen un denominador comú compartit i que afecten la pràctica d’uns comportaments que sostenen les bases de la convivència en una societat moderna i civilitzada.

Pep Víchez
08/10/2008

La Ley del Silencio

Como si de un manantial interminable se tratara, los casos de corrupción parecen no tener fin en Mallorca. Un nuevo escándalo por presunta malversación de fondos públicos vuelve a situar en el candelero público a nuestra comunidad que pasa a ocupar espacio destacado en los titulares de la prensa estatal y en los informativos de radio y televisión. En esta ocasión nos sirven el lamentable espectáculo acólitos de las Nuevas Generaciones del PP, cachorros adiestrados en el hampa de guante blanco.

El caso del Consorcio Turismo Joven nos ofrece los datos de un entramado que, una vez acoplado al puzzle de la corrupción insular, nos da la imagen de una de las zonas del inmenso territorio corrupto. Las teselas del mosaico que la Fiscalía Anticorrupción va colocando en el tablero nos muestran la faz del perverso juego al que prestaban su dedicación buena parte de los cargos públicos del Partido Popular cuando ostentaron su hegemonía en las instituciones públicas de nuestras islas.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? ¿Cual es el contexto que ha dado cobijo a un escenario tan escandaloso? Por supuesto que una respuesta ponderada merece una visión panorámica y un diagnóstico de las causas que posibilitan los males que la corrupción lleva implícita. A bote pronto, una de las respuestas y, no la única, que puede alumbrar las incógnitas planteadas nos la ofrece la propia actitud de los responsables políticos de los desaguisados.

Un denominador común aúna las respuestas de los políticos que se han visto implicados en los casos de corrupción hasta ahora conocidos: todos desconocían lo que ocurría más allá de sus despachos. Ni la ex alcaldesa de Palma, Catalina Cirer, sabía de las cuitas de Rodrigo de Santos, ni la ex consellera de Obras Públicas, Mabel Cabrer conocía los manejos de Massot & Hidalgo, ni la ex consellera de Presidencia y Deportes, Rosa Puig, estaba al corriente de lo que ocurría entre sus subordinados en el Consorcio Turismo Joven.

Como guinda de lo anteriormente comentado, podemos citar las declaraciones del ex conseller ibicenco, Juan José Cardona, quien preguntado explícitamente por Diario de Mallorca -07/08/08-, sobre si fue él o el propio Matas quién nombró a Antònia Ordinas – implicada en un caso de presunta malversación de fondos públicos - para el puesto de gerente del Consorcio para el Desarrollo económico de Balears (CDEIB) respondió con evasivas y repitió en dos ocasiones "ahora mismo no lo sé decir, no me acuerdo"..

Si los otros no sabían, mucho menos debía saber el ex President, Jaume Matas, ignorante de las anomalías bitelianas, protagonizadas por su protector, Damià Vidal y de todas y cada una de las irregularidades cometidas bajo su mandato. Todo sucedió sin que el máximo responsable político se percatara de ello ya que como más alto se vuela menos se vislumbra lo que sucede en los bajos fondos del precipicio.

Si, como parece, nadie estaba al corriente de nada, es lícito preguntarse ¿a qué dedicaban el tiempo los que, precisamente, cobraban por saber lo que hacían sus subordinados? Difícil de aceptar esa amnesia que aísla a los cargos políticos de las fechorías de sus sumisos colocados. Difícil creer que no sabían. Más creíble es considerar que todos ellos estaban -¿están?- bajo el dominio de la ley del silencio.

Es altamente verosímil la sospecha de que una actitud pasiva, no exenta de complacencia o de complicidad explícita o tácita, de los responsables políticos del Partido Popular Balear ha favorecido el entorno climático en el que la corrupción vive y se desarrolla.

Desde aquellos tiempos en que el President del Govern de la Comunitat Autónoma, Gabriel Cañellas, se vio acusado de irregularidades por su participación en las empresas constructoras Zeus y Torcal, que habían prestado servicios al ejecutivo bajo su presidencia por un importe de 17 millones de pesetas, desde que el Tribunal Superior de Justicia de las Baleares probó la comisión de delito – no punible por haber prescrito – en el caso de las comisiones ilegales en el escándalo del Túnel de Sóller, han pasado algunos años, pero, sin duda, existe un hilo conductor que descubre la actitud poco ética de los que desde aquellos barros han llegado hasta estos lodos.

No en vano, Jaime Matas, - el Ausente - , ante la derrota electoral, se las vio venir y se abrió hacia el continente americano - tierra de promisión para los aventureros tenaces-, y, desde su plácida lejanía, nos observa complacido en su ausencia.

Pep Vílchez
28/08/2008

Los aduladores del liberalismo

En Mallorca, en unos momentos de extrema preocupación por las consecuencias de una crisis económica que todavía parece no haber mostrado la parte más virulenta de su cuerpo, no hay día en que no deje de sonar la hucha que alberga ingentes cantidades de euros: 600 millones de Grande, 300 apelotados en el Plan Territorial y, por si fuera poco, nos enteramos que la mafia rusa ha limpiado en Mallorca más de 30 millones.

La desmesura de vaivén de inmensas cantidades monetarias nos da el perfil de una sociedad que presenta acusadas anomalías. Al tiempo, el común de los mortales para llenar la cesta de la compra, pagar la hipoteca o llegar a final de mes debe realizar laboriosos esfuerzos mientras contempla, desmoralizadoramente, como el dinero fácil – el de la especulación, la corrupción o la delincuencia común - corre a raudales.

Paralelamente a esta situación, algunos aduladores del liberalismo sostienen públicamente que los especuladores son necesarios ya que realizan una función de prospección en el mercado y abren nuevas posibilidades. Eso, evidentemente, sucede mientras perdura la burbuja ya que cuando revienta la pompa las consecuencias están a la vista. En fin, poco preocupa la economía productiva, la que genera riqueza estable y mucha loa a la especulación y a sus servidores.

El liberalismo a secas, además de considerar a la persona individual como primordial, por encima de todo aspecto social o colectivo, nos sugiere una práctica económica descontrolada que se fundamenta en la idea de que los recursos deben ser adjudicados por el mercado a través del libre juego de la oferta y la demanda, sin ningún tipo de correctivo o paliativo.

En buena parte de Europa, tras una larga batalla - que aún perdura -, el movimiento obrero y de la izquierda progresista han abierto el camino hacia una concepción del Estado que le otorga un papel corrector, adelantando un modelo que goza de mayor estabilidad y contenido humanitario, aunque sus insuficiencias tampoco estén exentas de provocar injusticias y desigualdades. Se trata del denominado Estado del Bienestar, caracterizado por resituar racionalmente parte de los recursos para evitar que el mecanismo ciego del mercado, al generar profundas desigualdades sociales, lance a la miseria y a la desprotección social a los que no pueden situarse aventajadamente en su dinámica competitiva. Así, la protección social se asegura a través de los poderes públicos que se responsabilizan en el objetivo de que determinados servicios, de utilidad general, lleguen al conjunto de la población en materias como la educación o la sanidad.

El centro de interés no debe ser, pues, la sacralización del mercado por sí mismo, como objeto mágico que genera riqueza, sino el ser humano y su calidad de vida. Se trata de poner la atención en las personas y no en la exaltación cosificadora de la economía al margen del desarrollo material y cultural de las gentes. Ese es uno de los ejes que caracteriza las políticas progresistas en contraposición con las recetas gestadas en los círculos conservadores.

No obstante, en el mundo actual, estamos observando como un acelerado desarrollo cualitativo y cuantitativo de las fuerzas productivas provoca nuevas e incalculables contradicciones que abren paso a un futuro más bien opaco y lleno de inquietudes, que ponen en cuestión los beneficios sociales que con tanta dificultad se han logrado conquistar como sucede con la duración de la jornada laboral o los derechos sociales de los inmigrantes.

Ese fenómeno expansivo y desordenado, al generalizarse y basar su subsistencia en fuentes energéticas y materias primas limitadas, aunque relativamente abundantes, al ampliar su la demanda las encarecen desenfrenadamente siendo campo abierto para la especulación. A la vez, las prácticas contaminantes y depredadoras del medio ambiente, en gran parte inherentes al crecimiento económico del actual modelo de desarrollo, sostienen y aceleran una manifiesta contradicción con la Naturaleza provocando uno de los fenómenos más inquietantes de la historia de la Humanidad: el cambio climático.

La ley del beneficio sitúa ciegamente los recursos a través de la óptica de la rentabilidad de los capitales enajenándose de sus consecuencias tan a menudo extremadamente dramáticas. Una prueba de estos efectos nocivos la podemos observar en la rentabilización de la producción agraria por medio de los biocombustibles, lo cual, al sustraer fuentes de alimentación para el consumo humano, genera el encarecimiento de los productos agrarios básicos y abre una perspectiva de grandes hambrunas en países con economías de subsistencia.

Ni el liberalismo deshumanizado ni la planificación centralizada han sido recetas que hayan generado en el pasado estabilidad social y respeto a los derechos elementales del ser humano y, por ello, la vía del equilibrio basada en sociedades justas, solidarias, democráticas y respetuosas con los derechos humanos, el medio ambiente y la naturaleza, fundamentadas sobre la base de un desarrollo equilibrado y sostenible es el camino a recorrer para legar al futuro un planeta más habitable o siquiera para evitar que el catastrofismo que se abre paso tenga el punto de verosimilitud que muchos analistas reconocen.

PD. El fantasma del capitán Kan surge de nuevo desde las profundidades donde habitan los héroes del marxismo-ladrillismo y nos envía una ráfaga putrefacta desde las entrañas del Ayuntamiento de Estepona. Mensaje a ZP: los muertos que vos matáis gozan e buena salud. (José Zorrilla)

Pep Vílchez
19/06/2008

La dimision de Bartomeu Vicens

Entiende el que suscribe que para una lucha efectiva contra la corrupción que nos acosa es imprescindible que se den, como mínimo y con independencia de su orden, tres circunstancias:

Una dotación adecuada de medios humanos y materiales al servicio de jueces y fiscales para poder desarrollar y culminar con efectividad su función en defensa de la legalidad y de los intereses generales.

Una colaboración efectiva desde partidos políticos, organizaciones sociales y medios de comunicación en esclarecer los hechos con independencia de sus intereses de parte.

Un clima de repudio ciudadano que prime una conciencia cívica sobre cualquier tipo de relativismo indulgente o desinteresado.

Sobre el primer supuesto influye de manera casi determinante la voluntad política de los gobernantes, en este caso el gobierno de Rodríguez Zapatero, en llegar hasta al final dotando de los medios necesarios a los servidores de la ley ya que, en caso contrario, sólo se propicia la ineficacia y, por tanto, la idea de impunidad que se deriva del hecho de que jueces y fiscales no cuenten con los medios necesarios para culminar su labor.

Por lo que se refiere al segundo supuesto, quiero referirme al caso de Bartomeu Vicens ya que, de alguna manera, puede ilustrarnos de cómo no deben hacerse las cosas desde algunos medios de comunicación y partidos políticos. En este asunto, desde determinados ámbitos, se sostienen actitudes exculpatorias hacia el inculpado que muestran un nivel de indulgencia -que en otras ocasiones similares no se ha manifestado-, sin percatarse que con ello no solo pierden credibilidad sino que realizan un flaco servicio a la inmensa tarea de adecentar el ágora.

Yo no sé si el señor Batomeu Vicens será finalmente condenado por los diversos delitos que la fiscalía le imputa, pero lo cierto es que su vinculación como procesado en diversas causas abre el portal de la sospecha. Pero lo que es inadmisible, es que según la “hoja de servicios”, afinidad o intereses partidistas se sea más o menos indulgente con el político de turno sujeto a imputación judicial.

No es de recibo – como gusta decir ahora – que entre los argumentos que se exhiben como atenuante para evitar la dimisión de Bartomeu Vicens como portavoz de Unió Mallorquina en el Parlament Balear se tenga en consideración el haber diseñado, propiciado o facilitado el hundimiento electoral del Partido Popular por el camino de profundizar por la senda del destape de la corrupción urbanística o el ser uno de los artífices del pacto progresista del tripartido balear. No se puede obviar, de ninguna de las maneras, que el inculpado, en este caso, es acusado de practicar el enriquecimiento irregular de su patrimonio por la vía del pelotazo de las reclasificaciones urbanísticas interesadas e irregulares y ese comportamiento no debe poseer ni atenuantes ni ningún tipo de deferencia, pese a quién pese.

La participación de Bartomeu Vicens en las gravísimas anomalías que la fiscalía a detectado en el Plan Territorial de Mallorca o su evidente protagonismo en las irregularidades cometidas en las reclasificaciones de Son Oms, ponen al diputado uemita en el foco de una muy solvente sospecha y, por ello, debe abandonar el mundo del protagonismo político, limpiar su imagen, si es posible, y, una vez aclarado lo confuso, volver al escenario público o marcharse definitivamente a su casa, siendo esta última opción la más razonable.

No es nada constructivo, pues, que desde determinados medios y partidos políticos se eche un capote a los que se encuentran bajo sospecha si estos son sujeto de simpatía o portadores de servicios de parte y, simultáneamente, echar mal de ojo a los que no. Sobre cualquier criterio, la democracia y el velo que cubre la vista de la justicia deben actuar, hasta las últimas consecuencias, para situar cada cosa en su sitio, de lo contrario, hacer parte y arte en cada caso es sencillamente inaceptable.

Hoy nadie duda que no sólo desde el partido popular se ha dado manga ancha a la corrupción y todas sus secuelas ya que el largo maridaje entre populares y uemitas y una extendidísima desconfianza pone al partido bisagra, - sin alma y sin ideología - en el ojo del huracán que mueve los vientos que exigen la prueba del algodón a todos los que han contribuido al embrutecimiento de nuestra vida pública.

El tercer supuesto, el de la conciencia cívica, debe incentivarse y jugar un papel determinante. En definitiva, una de las grandezas de la democracia es situar la última palabra en manos de los ciudadanos. Y debe entenderse, sobre cualquier otra consideración, que son estos los que sufren las consecuencias de los comportamientos irregulares y corruptos siendo el patrimonio colectivo –aportado por impuestos y esfuerzo común- el que es expoliado por políticos desaprensivos - en comandita con los “socios” particulares necesarios e imprescindibles- cuya falta de escrúpulos tiene un innegable origen entre una extendida actitud egoísta cómplice activa o pasiva de los que priman el interés particular sobre cualquier otro criterio.

Pep Vílchez
06/06/2008

La vergüenza de todos

En estos últimos tiempos mucho se ha escrito y hablado sobre el tema de la corrupción en Mallorca. No es para menos, ya que el escándalo continuo es supino. Todo tipo de reflexiones han venido a convenir en su rechazo y repugnancia.

Uno tiene la sensación de que entre la ciudadanía, a estas alturas, la interminable afloración de impúdicos asuntos está provocando un cierto hartazgo no exento de indignación, ya que se considera víctima de una burla protagonizada por unos políticos –generalmente vinculados al PP– que esgrimieron la eficacia como anzuelo electoral y que han demostrado poseer un escaso sentido de servicio público y una acentuada avidez depredadora de los caudales ajenos.

Para mayor sarcasmo, resulta que buena parte de los responsables del desaguisado –entre los cuales es imprescindible citar al fugado Jaume Mates– suelen ser los mismos que han obtenido un sonado suspenso en materia de gestión, toda vez que su ineficacia ha provocado graves deficiencias -entre ellas el fiasco del Metro– que a la postre nos cuestan, como se dice vulgarmente, un ojo de la cara.

Por si fuera poco, la corrupción “al detall” –aquella que se encuentra vinculada a actuaciones singulares de personajes tangibles, generalmente auto exculpados por su entorno que les considera víctimas de desequilibrios provocados por presuntas enfermedades–, abre paso a la aparición de un modelo de corrupción más complejo y sofisticado.

Efectivamente, se esta revelando la existencia de un salto cualitativo en las prácticas corruptas que afecta al entorno encastillado de la cúspide del Partido Popular, sin excluir la participación de destacados dirigentes de Unió Mallorquina. Los datos conocidos apuntan hacia un mayor nivel de implicación de las áreas dirigentes del entramado político citado, las cuales no pueden esgrimir coartadas relacionadas con enajenaciones pasajeras producidas por desajustes patológicos.

Me refiero, especialmente, a las situaciones generadas en la aplicación del Plan Territorial de Mallorca (PTM) en lo que afecta a las denominadas áreas de reconversión territorial (ART). Ahí aparecen unos comportamientos reprochables, de mayor gravedad cualitativa, pues se pasa de las acciones irregulares concretas y singularizadas a un plano de intervención que va más allá de la responsabilidad individual ya que su desarrollo necesita de la existencia de unos niveles de complicidad necesariamente relacionados con la cúspide del iceberg político, así como de la connivencia de determinados poderes económicos.

La Fiscalía Anticorrupción ha evaluado en 297 millones de euros el montante de los “pelotazos” generados a través del Plan Territorial de Mallorca (PTM) por medio de las ART y ahí las responsabilidades pueden afectar a los que participaron en comandita en los procesos, en las compras, ventas, regateos y pujas generadas para hacerse con los trozos más suculentos de la tarta que, en este caso, es la isla de Mallorca

En otro orden, no deja de ser llamativo que presuntos implicados en las gestiones irregulares relacionadas con las áreas de reconversión territorial (ART) sean los mismos que han protagonizado una política de oposición y obstaculización hacia los objetivos del gobierno que preside Francesc Antich de priorizar la construcción de viviendas sociales a precios accesibles, lo que pone de manifiesto el sentido desaprensivo de los mentados ya que los mismos que dan manga ancha a la especulación corrupta, la misma que genera beneficios privados inconfesables, a su vez practican la ley del embudo cuando se trata de satisfacer las demandas de los más necesitados que en el asunto de la vivienda son la mayoría de la población.

Por lo que se refiere a los casos de corrupción ya conocidos, cuya casuística variopinta nos ha ofrecido las diversas variantes de la picaresca –asumiendo un protagonismo estelar el modelo tarjeta de crédito en sus vertientes doméstica y desmelenada– con la aparición de la retahíla de palabras que suelen acompañar estas tipologías delictivas –malversación de caudales, cohecho, defraudación, falsedad de documento mercantil, tráfico de información reservada y secreta y etcétera–, poco se puede decir que no se haya dicho ya. En cualquier caso, intentemos aplicar la máxima de Concepción Arenal y mostremos una filosófica compasión por los delincuentes y odiemos firmemente al delito.

Aún así, cabe reiterar que la sociedad reclama y exige el castigo de los corruptos como requisito imprescindible para devolver a la convivencia ciudadana los rasgos de sociabilidad necesarios para recuperar la credibilidad hacia determinados ámbitos de la vida política.

Pero, no nos engañemos, no basta con el castigo a los culpables ya que, a la vez, se requiere que desde el ámbito político, desde los lugares donde se han generado la mayor parte de actuaciones irregulares, se asuman responsabilidades y se tomen las medidas que ofrezcan garantías suficientes de que su actuación futura reposará exclusivamente en la honestidad y el compromiso sincero con la gestión de los intereses ciudadanos y así dejar de ser la vergüenza de todos.

Palma, 25 d'abril de 2008
28/04/2008

Amoralidad

Existe gente desprovista de sentido moral. La amoralidad aporta al que la posee unas ventajas sociales importantes habida cuenta de que su presencia va frecuentemente acompañada de la carencia de escrúpulos. El que miente y simula suele ejercer su actividad en los límites que marca el miedo. A los amorales los hallaremos, en general, en los borrosos bordes de la ley ya que cuando se traspasa ese lindero la sociedad actúa a través de los mecanismos que posibilitan la persecución de lo que se convierte en delincuencia. Pero un amoral no es necesariamente un delincuente aunque la mayoría de delincuentes sean inmorales.

La verdad y la honestidad atesoran menos recursos ya que su actuación se circunscribe a los hechos y a la rectitud de intenciones. El engaño y la carencia de escrúpulos proporciona al que los practica un marco de actuación holgado, al no ajustarse a unas reglas éticas lo que le abre la puerta a la tergiversación de los hechos y a la consiguiente manipulación de la realidad según la conveniencia oportuna de cada momento.

Un excesivo clima de relajación, tolerancia y connivencia tácita o expresa es el marco adecuado para que la desestructuración cívica se desarrolle y consolide. A modo de ejemplo, en Mallorca, no es inusual oír, con cierta frecuencia, comentarios del estilo "no siguis beneit!" lo que quiere significar, ni más ni menos, que todo es corrupto y que, por tanto, la honestidad pertenece al mundo de los imbéciles. Incorporándose así la mentada tolerancia a un cierto sentido común que impulsa a "no dejar pasar la ocasión" bajo la redundante aseveración de que "todos lo hacen" o "si no lo haces tú, lo hará otro".

La verdad y la honestidad sólo lograran imponer su supremacía cuando posean la complicidad activa de la mayoría de los ciudadanos, y, por tanto sean eje central del sentido común, -una "idea hegemónica" en sentido gramsciano- de ahí la importancia de romper con los tópicos que contribuyen a minorizar las prácticas cívicas.

Y bien, se preguntaran, ¿a qué viene esta disquisición? Pues, sencillamente, se trata de constatar que lo que existe entre la sociedad civil acaba reflejándose en el mundo político que aparece, hoy por hoy, como receptáculo privilegiado de la amoralidad. Prueba de ello nos la dan diariamente los medios de comunicación de aquí y de allá.

Así ocurre que si bien es verdad que la derecha política sitúa buena parte de sus prácticas en la ausencia de pudor, no es menos cierto que la izquierda también posee su calvario. Ahora que la izquierda o centro-izquierda -o como se desee denominar- usufructuará altas cuotas de poder político en nuestras islas, es previsible que los amorales acechen en espera de utilizar sus artes para obtener sus objetivos invariablemente ajenos al interés general.

Así, pues, no nos engañemos: la corrupción -hija predilecta de la amoralidad- debe combatirse desde una perspectiva que nos atañe a todos y, en este estado de cosas, es conveniente afirmar que, como es obvio, en nuestras islas existen personas que defienden con uñas y dientes ideas conservadoras e incluso reaccionarias, equivocadamente o no, pero con convicción, honestamente, y, por ello, a ellos se les debe preferir antes que a los amorales ya que éstos son enemigos acérrimos de la convivencia cívica, la democracia y el interés general de los ciudadanos.
 
Pep Vílchez
02/07/2007

Hasta luego cocodrilo

El caimán es un reptil propio de los ríos de América. Pero, de manera figurada, caimán también se denomina a una persona que con astucia y disimulo procura salir con sus intentos. Otra acepción también nos puede valer para significar un ser abyecto y perverso. En este sentido recuerdo que Radio España Independiente - "estación pirenaica" - solía denominar al ínclito Caudillo como "el caimán del Pardo".

Pero en realidad el feroz saurio es noticia entre nosotros por la vinculación de Jaume Massot y su entorno con las exóticas caribeñas Islas Caimán. Descubiertas en 1503 por Cristóbal Colon en su cuarto viaje, las Islas Caimán se hallan situadas entre Cuba, Jamaica y Honduras además, se sabe que durante el siglo XVII fueron famoso refugio de piratas. Pero nuestro interés hacia el lejano archipiélago proviene del hecho de que en 1788, diez barcos que regresaban a Gran Bretaña procedentes de Jamaica naufragaron en sus costas y fueron acogidos por los nativos y, por esta acción, el rey Jorge III del Reino Unido eximió a la colonia del pago de tributos, situación que se mantiene hasta la fecha. No son extrañas, pues, las preferencias del ex director general de Ordenación del Territorio del Govern Balear Jaume Massot en las privilegiadas islas hacia las cuales parece ser que se han realizado importantes transferencias de dinero.

Entre tanto aparecen más nombres de relevancia vinculados al culebrón andritxol. La Fiscalía Anticorrupción ha denunciado ante el juez de instrucción del "caso Andratx" a otro ex alto cargo popular el ex conseller d´Obres Públiques del Govern Jeroni Saiz el cual pasa a engrosar la nómina de denunciados junto al ex alcalde Hidalgo y al celador de obras municipales Jaume Gibert, por citar las cabezas más visibles del fenomenal embrollo.

Mientras, Jaume Matas indaga sobre el porqué de su soledad. Tal vez sea en el Caribe, entre los paraísos fiscales, donde encuentre una de las claves de su inmensa pérdida, ya que allí acuden los dineros inconfesables para multiplicarse de forma astuta y disimulada, redondeándose así la estética corrupta de los cargos públicos en los que el ex Molt Honorable President depositó su confianza que son los que, a la postre, han aportado un repelente perfil a su discutible y ajetreada gestión. En fin, así las cosas, siempre nos quedará la duda sobre si, en realidad, Jaume Matas es caimán o más bien un lacrimoso cocodrilo.

15 de juny del 2007
Pep Vilchez

El Pequeño Cesar

En la película Hampa Dorada, dirigida en 1930 por Mervyn Le Roy y protagonizada por el genial actor Edward G. Robinson, se nos cuenta la vida del gangster Cesare Rico Bandello. La película, un clásico del cine negro, nos muestra la ascensión al poder, el apogeo y la caida posterior de Cesare Rico. El argumento esta basado en la novela de W. R. Burnett “El Pequeño César”. En el momento cumbre de la obra uno de los protagonistas espeta un famoso comentario: “el jefe esta acabado, pega pero ya no encaja”.

En la vida real estamos presenciando como J. M. Rodríguez y su entorno popular, en fase de caída en picado a consecuencia de su anómala actuación en relación con el entramado delictivo descubierto en Andratx, reparten golpes de ciego que no consiguen evitar sufrir certeros contragolpes cercanos al KO. No en vano uno de los hechos más lamentables que le están sucediendo al responsable máximo de los populares isleños, secretario general del partido y, que nadie lo olvide, consejero de Interior del Govern Balear, es sufrir las consecuencias de no haber desarrollado una impecable actividad de ayuda y soporte a los servidores de la ley y haber optado, como es públicamente sabido que hizo, por obstruir la labor de la justicia frente a unos presuntos delincuentes en el marco de la operación Voramar.

Sólo la existencia de un mayor grado de responsabilidad de la cúpula popular balear en el caso citado de corrupción urbanística explicaría el empecinamiento en ocultar su actuación en la vaguedad y la mentira y, como último recurso, al tiempo que se aplica la política del ventilador, intentar amedrentar a los medios de comunicación que no les son fieles con amenazas de querellas judiciales.

El Muy Honorable Jaume Matas debe aplicarse la máxima referida a la mujer del César que, como es sabido, no sólo tiene que ser honrada sino también parecerlo y, en este caso, debería saber que la duda existente sobre la correcta actuación de él y algunos de los suyos - en este lamentable espectáculo que ha situado el nombre de Mallorca y el del pueblo de Andratx en los titulares de todos los medios de comunicación, por cierto, no por obra del Fomento de Turismo -, posee la legitimidad deducible de los hechos conocidos, y, por tanto, debe ser consciente que resulta intolerable escudarse en fantasiosas conspiraciones al estilo 11-M y otras patrañas incalificables para ocultar sus responsabilidades y las del partido a cual pertenece.

Pep Vílchez / desembre 2006

Política, corrupción y sociedad

La contundente intervención de la fiscalía anticorrupción en la operación Voramar no debería soslayar el hecho de que las actuaciones irregulares realizadas desde las administraciones públicas están yendo, en Mallorca, mucho más allá de los hechos encausados en el municipio de Andratx.

Múltiples aspectos de nuestra vida pública se ven afectados por prácticas moralmente reprochables. Nepotismo, enchufismo, clientelismo, "pelotazos" cobro de comisiones y toda la casuística de la picaresca cotidiana de la que todos tenemos, de alguna manera, noticia. En definitiva: ausencia de espíritu de servicio público que, en todas sus vertientes, contribuye, decididamente, a generar el clima que arropa el desarrollo de corruptelas, que afectan, de manera especial, a las administraciones municipales.

Existe, pues, un clima de "comprensión" y tolerancia que desde determinadas instancias públicas y políticas propicia un cúmulo de irregularidades que no sólo afectan al urbanismo y que, en conjunto, corroen los pilares de la convivencia cívica.

A nadie se le oculta que ha calado entre la ciudadanía una complaciente resignación que atribuye a la labor política una irremediable vertiente corrupta. Gran parte de las anomalías que son conocidas en el ámbito público se sustentan en un clima de impunidad. Existe una percepción de que la paralización del delito sólo es posible a través de la actuación policial y judicial, lo cual, en sí misma es insuficiente para atajar de raíz las causas que facilitan las prácticas delictivas.

Es ese clima de complicidad, más tácito que expreso, esa resignación que invade muchas instancias de la administración y que afecta a parte de la ciudadanía la que facilita y posibilita el descarado desarrollo de reprochables actuaciones que van desde la patrimonialización de lo público hasta la delincuencia pura y dura como la aflorada en diversas actuaciones municipales, que van más allá de los casos conocidos en Sineu, Ses Salines, Santa Margalida o Calvià.

La sociedad en general y, especialmente, los servidores públicos, tiene que asumir el reto de acotar la actuación de los corruptos en todas sus variantes y magnitudes denunciando su actuación y, sobre todo, aislando moralmente a los corruptos, es decir: a aquellos que se apropian de lo público en beneficio propio, con independencia de que el fruto de sus prácticas se destine a la adquisición de un coche de lujo o, sencillamente, sirva para menoscabar el derecho que los ciudadanos tienen a recibir unas contraprestaciones dignas como contrapartida a los impuestos que taxativamente las administraciones les exigen.

Generar un clima generalizado de rechazo es, sin paliativos, una de las claves para abrir un proceso de regeneración que devuelva a la actividad pública, a políticos y funcionarios, los niveles de dignidad y eficacia exigibles a una sociedad moderna y democrática.

A tal tarea deben ser llamados todos los ciudadanos, todos los demócratas, sean de derechas o izquierdas, a no ser que tenga consistencia aquel razonamiento que sostiene que la corrupción es una de las vertientes de la concepción derechista de la actuación política.

Diario de Mallorca
03/12/06