Dios no se complace con la sangre

El reciente discurso pronunciado por el Papa Benedicto XVI ante un público de estudiantes y profesores en la Universidad de Ratisbona ha provocado una ola de protestas en el mundo islámico que se ha sentido ofendido por su contenido. En su discurso el Papa entresacó unos textos del diálogo sostenido en 1391 entre el emperador Luis II Paleólogo, antepenúltimo soberano de Bizancio, y un erudito persa de fe islámica. “Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”. El propio Benedicto XVI afirmó que muy probablemente fuera el mismo emperador quien anotara el contenido de este diálogo durante el asedio de Constantinopla entre 1394 y 1402. Se trata, pues, de una visión – la del emperador – completamente mediatizada por la confrontación violenta con el mundo otomano – islámico – el mismo que medio siglo después pondría fin a la presencia del cristianismo ortodoxo del agonizante imperio romano oriental al producirse, en 1453, la toma por los turcos de Constantinopla, la actual Estambul. De hecho en el período concerniente a Luis II Paleólogo, previo a la caída definitiva del longevo imperio bizantino, la presencia de éste apenas se reducía a la propia Constantinopla y algunas posesiones en el Peloponeso.

La airada reacción del mundo islámico sólo ha sido parcialmente aplacada tras las aclaraciones del propio Benedicto XVI el cual ha declarado “lamentar vivamente” que sus alusiones críticas al Islam “pudieran resultar ofensivas” para los musulmanes. No obstante, cabe añadir que el verdadero contexto de la conferencia del Pontífice es el actual, el que rodea al discurso papal y que presenta un relativo, pero no por ello menos significativo, paralelismo tácito con el de la cita. Es decir la delicada situación derivada de los conflictos ocasionados por los sectores más integristas e intransigentes del Islam y el bloque liderado por los EE.UU. ante la cual algunos se empeñan en hallar una confrontación civilizatoria entre mundos cerrados y antagónicos.

En la historia del cristianismo podemos encontrar citas para todos los gustos, para la paz y para la guerra, para la tolerancia y para la persecución, ya que el cajón de sastre da para ello y para más. Pero en este caso el docto Papa nos sitúa en una coyuntura de confrontación y juega, por lo tanto, aunque de forma matizada, a abundar en la teoría del choque de civilizaciones expuesta por Samuel Huntington. Aunque sea tranquilizadora la matización, incluida en el texto citado, que señala que Dios no se complace con la sangre ya que sería actuar contra la razón lo que es contrario a su propia naturaleza, las palabras del Papa que recogen la polémica referencia no han sido precisamente la contribución que cabría esperar de una institución como la Iglesia católica, tan comedida en los gestos y las palabras, ante la dramática situación que se vive en múltiples escenarios conflictivos en unos territorios con alta proporción de creyentes islámicos.

Al ambiente de crispación hay que sumar las sorprendentes aseveraciones del líder de las Azores, José María Aznar, quien, ausente de rigor y rubor, emitió, en una conferencia en el Instituto Hudson de Washington, una sarta de despropósitos, - ¿cómo calificar la queja de que los musulmanes no le han pedido perdón por conquistar España en 711? - cuyo único objetivo no es otro que azuzar el odio y crispar más la situación aunque sea desde una posición ridícula. Ridículo, por cierto, suficientemente ilustrativo de la mentalidad de nuestra cada vez más extrema derecha.

Ante una situación de palpitante inestabilidad de dramáticas consecuencias para miles de seres humanos que viven de forma cotidiana la guerra y sus terribles consecuencias, habría que convenir que hoy se requiere, más que nunca, reforzar las actitudes que priorizan los valores que garantizan los derechos humanos y la extensión de la democracia como vínculos universales y, por tanto, como modelos de convivencia ante la pluriculturalidad que se debe respetar afirmando los valores supremos de los derechos compartidos frente a cualquier tipo de diferenciación en el marco de las costumbres y las creencias religiosas.

Finalmente, cabe añadir, que de estos hechos y de otros como son la reacción ante las caricaturas danesas de Mahoma o la suspensión de Idomeneo en Berlín sólo podemos deducir, sensatamente, que es imprescindible fortalecer los contenidos laicos de la política en la sociedad y en las instituciones y alejar los influjos procedentes de las religiones. En Roma y Teherán, en Madrid y en Palma.

Palma 2 de octubre 2006
Pep Vílchez

Cuando la libertad sufre

Definieron la patria según su particular visión. Retrocedieron hasta don Pelayo y Santiago Matamoros. Isabel y Fernando, el espíritu impera. Desearon una unidad  de destino en lo Universal y la llamaron España y a los que no cupieran en su peculiar imaginario se les definió como los malos españoles. Sellaron un patriotismo unívoco bajo la tutela del nacional-catolicismo. El resto no es España. Su Caudillo lo fue por voluntad divina y así lo hizo plasmar en las monedas que ordenó acuñar . Nadie, de entre ellos, respondió. La única respuesta era la de la anti-España: los otros, los vendidos al comunismo internacional, al separatismo y a la conspiración judeo-masónica. Para esa España, cerrada a cal y canto, intolerante y autoritaria, patrimonio personal de unos, los otros, los sin-patria, nunca debieron existir. Exilados, encarcelados, silenciados ...

No es ni siquiera la España a la que se dirigió Joan Maragall, ni tampoco la de Luis Cernuda, Gabriel Celaya, Rafael Alberti, Antonio Machado, Miquel Hernández o Federico García Lorca, ni la de Pau Casals o Pablo Picasso, ni es la tuya ni la mía, ni la de tantos otros, es sólo la suya. Es su España. Para ellos la única posible, la que surgió de la cabeza de la Minerva fascista para anular toda la diversidad, la libertad, la decencia y la democracia. Fue en nombre de esa España, de su España, la razón de la sinrazón por la que ondearon banderas victoriosas con yugos y flechas. La uniformización de la pluralidad a fuerza de golpes, de silencios y de miedo. ¡Hable en cristiano¡ ¡No ladre¡ ¡No sabe con quien habla¡

Si, fue a esa  España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, casposa y de bigotillo, mitad cárcel mitad convento, a la que Pepe Rubianes le dirigió sus exabruptos escatológicos.  Ahora, desde la caverna local, ya se comienzan a oír los alaridos de los de siempre, de los  que esperan ansiosos el momento de caer sobre su víctima: un actor, un cómico. Próximamente Pepe Rubianes debe actuar en nuestra isla y, de nuevo, la libertad sufre.

Pep Vílchez
Setembre, 2006

La asimetría de la venguenza

El interés por la llamada memoria histórica ha estado últimamente en primera línea más allá de la acción legislativa del gobierno del Estado o de la propia voluntad de los partidos políticos. Las nuevas generaciones se han enfrentado de cara a un pasado que otros, en otros momentos, tuvimos que afrontar mediatizados por la voluntad suprema de reinstituir los valores democráticos a los ciudadanos del Estado español. Hoy, sin ruido de sables ni amenazas directas a la democracia, el tema, recurrente, ha vuelto a saltar a la palestra generando una enorme cantidad de literatura de la cual la prensa ha dado buena cuenta.

También la ocasión ha evidenciado la existencia de una historiografía rigurosa y profesional que ha puesto los puntos sobre las ies en lo que se refiere al conocimiento del período republicano, de la guerra civil y de sus consecuencias. Paralelamente no ha dejado de operar una reinterpretación revisionista de los hechos en manos de turbios personajes que, con escaso rigor, ha utilizado las palabras que algunos sectores de la derecha no se atrevían a hilvanar para reconstruir un relato que en el pasado fue patrimonio casi exclusivo de los nostálgicos del franquismo. Estos charlatanes de ocasión, desde Pío Moa hasta el incendiario predicador de la COPE Federico Jiménez Los Santos, han provocado el efecto contrario al de sus deseos ya que la verdad de los demócratas florece entre la historiografía seria, el mundo académico y la inmensa mayoría de la población pensante.

En este contexto el problema más delicado, sin lugar a dudas, es el de las víctimas que, por supuesto, las hubo de una parte y de otra, aunque en general de forma asimétrica y desde actitudes cualitativamente diferentes. No obstante, todas las personas que vieron como sus derechos fueron violentados son víctimas a las cuales, sin distinción, se debe reconocer su consideración.

En el campo republicano, el golpe militar determinó la caída del orden institucional provocado por aquellos que, precisamente, tenían entre otras obligaciones la de salvaguardarlo. El desorden dio pie a múltiples anomalías que se escaparon del control del gobierno republicano provocando lamentables incidentes entre los cuales no estuvieron ausentes los asesinatos y las vejaciones indiscutiblemente condenables.

El caso menorquín nos puede ayudar a ilustrar esta situación. La complicidad de la mayoría de la oficialidad de la isla hermana con el golpe militar fue anulada tras una acción decisiva de otra parte del ejército, especialmente entre la suboficialidad y la tropa. El coste en vidas fue considerable. En este contexto se dio la lamentable muerte del joven sacerdote de Ferreries Juan Huguet Cardona vilmente asesinado por el brigada Pedro Marqués. Éste, finalmente, pagó con su vida tal fechoría ya que al finalizar la contienda fue fusilado por los vencedores.

En Mallorca, donde triunfó el golpe militar, Jeroni Alomar Poquet, también sacerdote, murió fusilado a manos de los golpistas. Su delito no fue otro que ayudar a escapar a los perseguidos. Nadie ha exigido responsabilidades hacia los que ordenaron su muerte. Como ésta, todas y cada una de las acciones criminales que tuvieron lugar en la isla quedaron impunes y las víctimas y su entorno sujetas a un silencio amenazador que produjo una amnesia colectiva hija del miedo y el sufrimiento.

Esta es, en mi opinión, la base de la asimetría: el hecho de que las víctimas de los llamados "nacionales"fueron durante cuarenta años reconocidas y ensalzadas hasta la saciedad mientras que las otras fueron silenciadas y calumniadas para ser luego olvidadas. Aún hoy algunos han sido incapaces de compensar los cuarenta años de ignominia con un solo acto de reconocimiento a las víctimas republicanas.

El franquismo depuró hasta la hez todas las responsabilidades más allá de los hechos mediante actos judiciales ilegales realizados por tribunales militares, a través de procedimientos sumarios adoptados bajo apariencia jurídica pero sin ninguna base ni garantía procesal. Estableció una Causa General y una draconiana Ley de Responsabilidades Políticas retroactiva a 1934. Se juzgó, fusiló, torturó y encarceló a centenares de miles de personas, pero las responsabilidades de los golpistas quedaron indemnes y se lanzó sobre los vencidos, sobre las víctimas, todo tipo de bazofia y desprecio.

La muerte del sacerdote Juan Huguet fue la responsabilidad de un acto deleznable cometido por dicho brigada en un contexto de descontrol y no la acción fría, meditada y contundente del aparato del Estado. En septiembre de 1936 el gobierno de la República pudo comenzar a restituir el orden institucional, a través del teniente coronel de Artillería José Brandaris de la Cuesta nombrado por el gobierno republicano Gobernador Militar de la isla menorquina. A partir de ahí, los incidentes practicados por grupos incontrolados tendieron a desaparecer, lo cual supuso un punto de inflexión en cuanto al desarrollo de sucesos violentos restituyéndose la legalidad republicana.

La diferencia entre una y otra situación -en un bando y en otro- fue que la legalidad republicana era la de un estado de derecho incapaz de asegurar el orden por el desorden provocado por los golpistas, mientras que el orden de los golpistas era el del asesinato y la represión realizada desde la ausencia del estado de derecho. A través de un inmoral aparato judicial, se practicó una represión amplia, profunda, generalizada y persistente en el tiempo, y, donde este aparato represor no alcanzaba, la muerte a través del tiro en la nuca dejando las cunetas repletas de cadáveres deliberadamente expuestos para la práctica del terror.

Si Manuel Azaña, presidente de la República, exclamó horrorizado su "¡Paz, Piedad y Perdón!". Si el gobierno del doctor Negrín resistió firmemente con el objetivo preferente de evitar la matanza y la represión indiscriminada, que finalmente no pudo evitar, el comportamiento del gobierno de Burgos fue el de institucionalizar la represión trasladándola hasta la médula de la sociedad con espíritu revanchista y vengativo y, lo que es más grave, con el objetivo de amedrentar a toda la población para evitar la restitución de los derechos democráticos que la Constitución y el ordenamiento jurídico republicano garantizaban de forma rotunda.

Diario de Mallorca
01/08/06

El silencio de los corderos

El Congreso de los Diputados ha aprobado recientemente la proposición de ley presentada por el Grupo Parlamentario de IU-ICV por medio de la cual se declara 2006 como "Año de la Memoria Histórica". Se trata de homenajear y reconocer a todos aquellos hombres y mujeres que fueron víctimas de la guerra civil, o posteriormente de la represión de la dictadura franquista, por su defensa de los principios y valores democráticos, así como de quienes, con su esfuerzo a favor de los derechos fundamentales, de defensa de las libertades públicas y de la reconciliación entre los españoles, hicieron posible el régimen democrático instaurado con la Constitución de 1978.

Por su parte el Parlamento Europeo ha realizado una dura condena a la dictadura franquista, realizando un acto de justicia histórica ante el 70 aniversario del "Alzamiento Nacional" que no fue más que un irresponsable golpe militar fracasado que derivó en una terrible confrontación de nefastas consecuencias. Los populares se encontraron patéticamente solos en la Cámara de Estrasburgo con el único acompañamiento de la ultraderecha polaca. Patético y bochornoso comportamiento de los que con frecuencia aparecen como únicos albaceas del franquismo.

Ante estos hechos vuelven a aparecer las voces de aquellos que, aún hoy, continúan confundiendo los valores democráticos republicanos con la actuación de las diversas fuerzas políticas en aquel escenario histórico. Es cierto que la República surgió en el contexto de una aguda crisis del estado liberal acosado por los totalitarismos. Es cierto que no toda la izquierda tuvo una actitud netamente republicana. No creo que se trate, pues, de homenajear a las fuerzas políticas que, en muchas ocasiones, actuaron contra una república tildada de burguesa por unos y de revolucionarista por otros. Es tarea de los historiadores establecer los hechos y dilucidar las causas objetivas que obstaculizaron el desarrollo republicano y las responsabilidades que contrajeron aquellos que llevaron hacia la tragedia a los ciudadanos de entonces. En este sentido es recomendable una atenta lectura de la recién publicada obra de Helen Graham titulada "Breve historia de la guerra civil".

Pero es innegable que los obstáculos mayores y continuos surgieron de entre aquellos sectores económicos, políticos, militares y religiosos que, desde el primer momento y, desde una posición de poder privilegiada, pusieron palos bajo las ruedas del devenir republicano, del desarrollo democrático. La república no vino de la mano ni del comunismo ni del anarquismo que recibieron al nuevo orden con una clara reticencia consubstancial a su animadversión hacia los poderes burgueses.

El descrédito de la actuación de unas clases dominantes que cabalgaron secularmente sobre la falta de derechos en una España empobrecida y sumida en la superstición y el dominio caciquil, condicionó la actuación republicana que tuvo que verse sometida, desde el primer día de su implantación, a una constante política de sabotaje desde los poderes fácticos de una estructura social represiva auspiciada por terribles desigualdades bendecidas por la Iglesia católica a cambio de un papel abusivo y dominante ejercido sobre las conciencias de los ciudadanos.

El brazo ejecutor de la intransigencia de los poderosos fue una casta militar modelada en la represión colonial en norte de África y, desde allí se trajo a las fuerzas militares -legionarios y regulares marroquíes- que, con la inestimable y determinante ayuda logística, material y humana del fascismo italiano y del nazismo alemán, vencieron y administraron su victoria tratando a sus conciudadanos con la misma virulencia que habían reprimido a los habitantes de las colonias africanas con el objetivo de eliminar física y políticamente cualquier brote de disidencia con unas trágicas consecuencias que sólo fueron parcialmente superadas por el Holocausto nazi.

Homenaje a las víctimas, a todas ellas, con la única excepción de los que gobernaron al margen de las aseveraciones establecidas por la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Sólo desde una óptica totalitaria se puede girar la vista hacia el pasado y no reconocer que la II República es la única democracia decente que posee nuestro acervo político anterior a 1978 y, eso, a algunos, sencillamente, les duele y por ello nos hablan de no abrir heridas. A los verdugos les duele hablar de sus víctimas y, en consecuencia, intentan, desesperadamente, imponer el silencio: el silencio de los corderos.

Pep Vílchez
16/07/06

Le Jour de Gloire

"Martes 14 de abril de 1931. Las tres de la tarde. Plaza de Cort. Ambiente crinado de inquietudes. Voces y gestos. Las tres y media de la tarde. Acentúase la emoción cívica. El pueblo aguarda. Un grupo de jóvenes avanza. Llevan en sus brazos, desplegada, la bandera tricolor. El tercer color es el morado. Cobra en estos instantes un prestigio de símbolo: es el color del martirio. Cuantos cayeron ¡cuantos! La multitud unge de veneración, unos nombres. La nueva enseña álzase – lenta – en la fachada  principal del Consistorio. El viento la estremece en un escalofrío glorioso. La multitud saluda y aclama. Son las cuatro menos veinte de la tarde. 14 de abril de 1931. Tarde histórica. Un veterano evoca, llorando ¡ 11 de febrero de 1873! "


Proclamación de la II República desde el balcón del Ajuntamiento de Palma

Así describía los acontecimientos de tan señalada jornada en la plaza de Cort de Palma Miquel Àngel Colomar, periodista, poeta, critico de arte y dibujante en una columna titulada “Le jour de Gloire”, desde las paginas de El Dia, (21/04/1931). Colomar, funcionario de del Ayuntamiento palmesano, purgado y encarcelado, aunque salvó la vida y, como tantos otros, por ejemplo, Pere Capellà,  por citar otro caso emblemático en el mundo del arte y la cultura, vivió entre los vencedores sometido a la más vil marginación. Otros, muchos otros, cayeron víctimas de una  inexorable barbarie de sangre y muerte sobre la cual reposan  muchos de los privilegios aún vigentes. Y son esos, los beneficiados de la ignominia, los que exigen mirar hacia otra parte y esconder la verdad que, una vez perdida, sólo ofrece espacio a la mentira de los vencedores y, por tanto, al cinismo más descarado.


Abril de 1931: una multitud acude a la plaza de Cort de Palma

La monarquía, en 1931, cayó víctima de sus propias contradicciones, Alfonso XIII al condescender ante la inconstitucional dictadura del general Primo de Rivera, sucumbió por su ilegal actuación. El que fuera ministro de gobernación en el primer gobierno republicano, Miguel Maura, hombre procedente de las filas monárquicas como el primer presidente de la República Niceto Alcalá Zamora, en su clásica obra Así cayó Alfonso XIII define así las elecciones municipales que precipitaron el advenimiento republicano:  "El verdadero tema del plebiscito – pues de un plebiscito se trataba – era éste: ¿Ha sido o no, Don Alfonso XIII, responsable y cómplice del golpe de Estado y de la violación de la Constitución? ¿Es o no, Don Alfonso XIII, un rey perjuro?"



La monarquía se desplomó en circunstancias similares a las que obligaron a otros monarcas europeos a abandonar el poder. Este fue el caso del italiano Víctor Manuel de Saboya que arropó la dictadura fascista de Benito Mussolini o, más recientemente, el de Constantino de Grecia defenestrado por su complicidad con los militares golpistas. La monarquía española,  desde el descrédito profundo, cavó su propia fosa tras los fusilamientos en Huesca, el mes de diciembre de 1930, de los héroes republicanos de Jaca, Fermín Galán y García Hernández.


Jovenes manifestantes en la ciudad de Palma portanto la bandera tricolor y una pancarta alusiva a Fermín Galán y García Hernández


"Hasta hoy ha respondido usted de la Guardia civil, ¿podrá hacer lo mismo cuando mañana se conozca la voluntad del país?" como respuesta el militar bajó la cabeza. El conde Romanones relata de esta manera la entrevista con el Director General de la Guardia Civil, general Sanjurjo, en su libro Historia de cuatro días. Sería éste mismo general el que pasado un año protagonizaría el primer intento de golpe de Estado contra la frágil República el 10 de agosto de 1932. Principal artífice del golpe de julio de 1936, en una carta al general Mola, el 9 de julio de aquel año, establecía los objetivos del golpe militar: "Ir a la estructuración del país desechando el actual sistema liberal y parlamentario, que es el que, en definitiva, ha llevado a España, como a otros países, a los trastornos que hoy lamentamos y que tratamos de remediar". El problema, pues, guste o no guste, no fue la República, sino el sistema de libertades públicas. Y, hoy por hoy, los demócratas debemos rendir el debido homenaje a los que compartieron la ilusión de un país de progreso en libertad ya que sin su sacrificio y esfuerzo los valores que sustentan el edificio de nuestra convivencia cívica serían sencillamente inexistentes.

Madrid: proclamación de la II República


El 14 de abril de 1931, en la plaza de Cort de Palma, Llorenç Bisbal, socialista y primer alcalde republicano, se dirigía a la multitud aseverándoles: "La recomendación principal que a todos he de haceres que haya orden, orden y orden; pues ha de tenerse en cuenta que la justicia y la libertad descansan en el orden". Aquel día, en Palma, rodó la cabeza de una estatua de Ramón LLull y un grupo de estudiantes y obreros al grito de ¡Viva la República! se dirigieron hacia la sede de la  Real  Sociedad  Alfonso XIII, que sustituyó el nombre por el de  Club Deportivo Mallorca.


Plaza de Cort de Palma: 14 de abril del 2006. 75 aniversario de la II República

Hoy, 75 años después, aún se pueden oír las voces de júbilo de aquellos que, desde el hilo conductor del liberalismo gaditano de 1812 hasta nuestros días, pugnan por un país libre, moderno y tolerante. Los que aún sentimos un brote de emoción al escuchar los acordes de La Marsellesa les dedicamos a todos ellos un sentido recuerdo y un merecido homenaje.



Pep Vílchez
12/04/06

El doliente olvido del señor Huget

Utilizar el término republicano como sinónimo de democrático en España y, desde el punto de vista político, no es en modo alguno algo que debiera extrañar a nadie en un país donde en el pasado sólo la República entendió y dio forma política constitucional a unos derechos cívicos que hoy son los nuestros. La actuación política de los diversos gobiernos republicanos de derecha o izquierda es harina de otro costal pero achacar al sistema republicano los males del período es, además de errar el tiro, una injusticia ante las gentes que conocieron tantos y tantos sufrimiento de manos del fascismo.

Si, un bonito piropo hacia el monarca hablar de rey republicano como hizo el Presidente Zapatero ya que finalmente de eso se trata y esto es precisamente lo que algunos portavoces del PP ni entienden ni, por supuesto, quieren entender.

No voy a ocultar mis simpatías hacia el Presidente Zapatero que no son hacia un líder o un partido sino hacia alguien que, por fin, se ha situado en el centro del corazón político de este país. Nunca llegaremos a agradecerle suficientemente el habernos sustraído de la irresponsable aventura en la que Aznar y el PP nos metieron al involucrarnos en lo que hoy ya todo el mundo considera un grave error de consecuencias incalculables : la invasión de Irak. También posee mis simpatías y mayor afinidad política la opción que representa Gaspar Llamazares, pero ZP también y, esto, para mi, es motivo de satisfacción y de optimismo.

Sí, hemos pasado del “cabalgan, luego ladramos” al justo y cervantino punto del “ladran, luego cabalgamos”. Todos sabemos que el conservadurismo se resiente ante cualquier innovación y, en nuestras latitudes, se resiste de forma encarnizada cuando afecta al bolsillo de los poderosos o a las costumbres establecidas por el moralismo reaccionario.

Por otra parte no dejan de ser curiosas las cosas que preocupan al Sr. portavoz Huguet mientras su partido se funde entre corrupción y escándalo por día y genera una portentosa capacidad de destrucción compulsiva de territorio, medio ambiente y paisaje.

En el fondo nuestro personaje siente angustia ante la eventual posibilidad de que el blasón tricolor ondee entre las astas que portan los estandartes oficiales tal como propone Izquierda Unida al plantear una iniciativa para que la bandera republicana ondee en todos los edificios públicos del país durante abril, junto a la bandera constitucional, con motivo del 75 aniversario de la República (1931-2006). El portavoz popular es incapaz de entender que la tricolor fue y es un símbolo de la España democrática tras el cual dieron su vida cientos de miles de seres humanos por una causa noble.

Pues sí, seria un justo signo de normalización y de reconciliación el que se mostrara respeto y consideración pública hacia el que fue el símbolo de la libertad en España durante la República, durante la guerra civil en un bando y, posteriormente para casi todos los que luchamos contra el franquismo y por las libertades democráticas. Pero para ello sólo se necesitaría poseer un talante que indicaría una madurez política y social que no precisaría de ningún doliente olvido y, me temo, que el Sr. Huguet y lo que el representa no discurre por ese sendero.

Març, 2006

Hablemos claro

Mucho se ha escrito y publicado sobre la transición hacia la democracia que tuvo lugar con posterioridad a la muerte del general Franco. Se ha ensalzado hasta la saciedad el consenso, el entendimiento y el buen hacer que tuvieron los protagonistas de la misma. Pero, después del tiempo transcurrido, es preciso puntualizar que no fue intachable . No lo pudo ser ya que no se facilitaron las condiciones precisas para garantizar un proceso limpio. La restitución de las garantías democráticas sólo podría haberse realizado con corrección en el supuesto de que un Gobierno Provisional, de amplia base democrática, hubiera sido el encargado de proceder a la realización de un plebiscito sobre la forma de Estado y a proceder a convocar elecciones a unas Cortes Constituyentes cuya misión fuera la de redactar un proyecto de Constitución de acuerdo con el resultado plebiscitario y, con la voluntad política de los diputados constituyentes, ser posteriormente refrendada por el conjunto de la población. Y, como todo el mundo sabe, las cosas no sucedieron así y de la ruptura democrática se pasó a la reforma democrática.

Este procedimiento anteriormente citado, intachable y que, por cierto, concuerda plenamente con la resolución de Naciones Unidas del 12 de diciembre 1949 que exigió al régimen franquista respetar las libertades cívicas , no se pudo realizar y, desde las entrañas del aparato del Estado totalitario, surgió la tutela del proceso a través de una ficción de reforma y de un referéndum truculento ante el cual la oposición – hablando claro, los demócratas - se abstuvieron de participar.

La propia legalización de PCE, en abril de 1977, a dos meses vista de las primeras elecciones celebradas en junio del mismo año, no fue un acto de valentía sino fruto del convencimiento en las esferas dominantes de que la exclusión de los comunistas del proceso democrático invalidaba el proceso en sí, y, aún así, se dramatizó ante la población la legalización y se excluyó del primer proceso electoral a todo el espectro a la izquierda del PC en un acto francamente repudiable. Los resultados electorales del PCE fueron los que fueron y la situación que los condicionó la descrita a beneficio de la izquierda más digerible para los reformistas del régimen y también para Washington. Una amplia movilización social de contenido político con centenares de miles de trabajadores, estudiantes, y un amplio espectro ciudadano entre el cual destaca el papel de las fuerzas de la cultura, exigiendo la restitución de las libertades públicas y, en las nacionalidades, un fuerte sentimiento identitario clamando por la restitución de los estatutos de autonomía y así, en estas condiciones, con una milicia expectante y una ultraderecha agresiva y poderosa se procedió a solventar el futuro ofreciendo un lugar a los que, desde una posición privilegiada en el aparato institucional del estado totalitario o desde la preeminencia económica adquirida, consolidada o ampliada en el período franquista se reservaron el abusivo papel de reformistas de lo irreformable : el régimen franquista.

Sólo la firme voluntad de llegar a la meta democrática dio ánimos para aceptar determinadas situaciones, desde la desaceleración de la inflación galopante – Pactos de la Moncloa – hasta la forma de Estado monárquica, la bandera roja y gualda y una Constitución que, aún defendiéndola y acatándola, contiene aspectos singulares de escasa raigambre en los países democráticos y que van más halla de la preeminencia de la línea de sucesión masculina sobre la femenina y que afectan a las funciones del monarca como jefe supremo de los ejércitos – que en cualquier caso deberían estar sin limitación sólo bajo las órdenes del gobierno y del parlamento – y de la propia función de estos en la salvaguarda de determinados valores recientemente evocados en el discurso del Teniente General José Mena Aguado en la Pascua Militar.

Pep Vílchez
Gener, 2006

La ceremonia de la confusión

Un reguero de despropósitos inunda con cierta periodicidad el contenido de determinadas columnas cuya autoría se vincula, invariablemente, a lo más rancio de nuestra provincial derecha insular.

En uno de los últimos dislates recientemente publicados [ El Mundo, Antonio Alemany ] se ha llegado a afirmar que Valentí Almirall (1865 – 1903) y Sabino Arana (1841-1904) fueron fascistas o, para ser más exactos, protofascistas.

Para la ceremonia de la confusión cualquier afirmación es válida cuando se trata de practicar el cinismo es su vertiente más perversa. Obviamente ni Almirall ni Arana tuvieron ninguna relación con el fascismo sencillamente porque no tuvieron ocasión de conocer ni siquiera el significado de la palabra. Es decir, en cualquier caso, fueron fascistas avan la letre lo cual no deja de ser una memez exenta de todo rigor.

Hay quien no cesa de escudriñar en el pasado para practicar el más safio de los anacronismos y, sin pudor, atravesar el límite de la ridiculez para adentrarse en el de la mentira. ¿Seria serio afirmar que Recesvinto, Wamba, Hermenegildo o Recaredo fueron protofalangistas? En conjunto, pues, se trata de un continuo disparate cuyo único objetivo es desprestigiar al nacionalismo catalán y vasco.

Ni Almirall, ni Arana ni Johann Gottfried Herder (1744-1803) ni Johann Gottlieb Fichte (1762-1814) fueron – no podían ser – fascistas ni siquiera protofascistas. Los fascistas fueron los que fueron y cuando lo fueron. Por mucho maquillaje que el régimen oportunista del general Franco se aplicara diluyéndose en un magma entre nacional-católico, fascista y autoritario ello se realizó una vez comprobado que su futuro podría ir parejo al del III Reich y la República de Saló y, no por ello, su filiación fascista dejó de ser incuestionable en su contexto histórico. En realidad el régimen auspiciado por militares y eclesiásticos se fundamentó en las esencias de la ideología en boga en los años veinte y treinta : el fascismo, el nacional-socialismo y el nacional-sindicalismo que con todas sus variantes regionales como fue la experiencia española la cual, al subsistir a la derrota de las potencias del Eje, cambió el tono pero no el fondo de su obra represiva y totalitaria a pesar de demócrata-cristianos, falangistas renovados, monárquicos liberales o carlistas autogestionarios todos ellos excluidos del poder político como todo el mundo sabe.

El fascismo se basa en una visión nacional-chauvinista del destino de las naciones lo que le aboca a buscar un destino universal para sí en detrimento de otras cuyo interés es el defenderse de los que en su visión expansionista determinan la esencia de la nación sobre la base de negar el pan y la sal a las otras naciones.

Así, pues, fascista fue el régimen de los militares golpistas presidido por un generalísimo, el régimen de Adolf Hitler, Benito Mussolini o el del belga León Degrelle por citar los casos más relevantes todos ellos con su inherencia represiva y espíritu de gran nación.

EN 1942 la Gestapo detuvo al legítimo President de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys, el cual desde Francia fue entregado a las autoridades fascistas españolas para ser asesinado y, través de su fusilamiento contra los muros de la fortaleza de Montjuïc, escarmentar a los que no veían más nación que la de sus homólogos lingüísticos y culturales sin querer observar la aguda percepción de un imperio hacia dios que posee un destino universal receptáculo de unos valores eternos e inmutables tal como lo entendieron Ledesma Ramos, Onésimo Redondo. Giménez Caballero, Sánchez Mazas, José Antonio Primo de Rivera, Serrano Suñer o los inefables Fernández Cuesta o Arrese por no hablar de los que luego desertaron como Ridruejo, Laín, Tovar que sí fueron fascistas cuando lo fueron aunque luego dejaran de serlo.

Pep Vílchez
Desembre/2005

D'un temps, d'un pais

No deixa de ser una pèrdua de temps el que a l’entrada del segle XXI alguns dels problemes històrics cabdals de la comunitat de pobles que conformen l’estat espanyol no estiguin resolts i encara siguin objecte de litigi. També no deixa de ser fastigós que l’Església catòlica no hagi entès ben bé, a hores d’ara, quin és el seu lloc en una societat moderna i el paper que les institucions polítiques han de jugar en relació amb les creences religioses dels ciutadans les quals s’han de situar, necessàriament, en el marc privat de les persones. En tot cas, hi ha qui voldria que s’oblidés l’origen i les causes de les discòrdies i, per tant, perdre els referents històrics que donen sentit i profunditat a les discrepàncies que bona part dels ciutadans d’ideologia liberal o esquerrana tenim amb els sectors més reaccionaris i dretans del món polític i de la jerarquia eclesiàstica espanyola.

La II República, als anys trenta del segle passat, implicà l’arribada de la llibertat que, de manera simultània, propicià l’afloració a l’escenari polític públic de les principals contradiccions arrossegades des de bona part del segle XIX i agreujades des de 1898, especialment en el període del reialme d’Alfons XIII. Entre d’altres podem esmentar les que hom considera més punyents: el conflicte social motivat per una sobre-explotació dels treballadors del camp i la ciutat que incentivà la confrontació social amb l’aparició d’un sindicalisme combatiu front a una patronal tancada i repressiva. Una Església catòlica omnipotent i omnipresent asseguda sobre el privilegi i el control concretat en un abusiu pes social i cultural especialment palès en l’àmbit educatiu i en la regulació de les costums, hàbits sexuals o altre tipus de creences dels ciutadans. Una casta de militars, anomenats africanistes, que, amb esperit guerrer fruït d’un execrable i cruel colonialisme perpetuat al nord d’Àfrica, no posseïen cap escrúpol a l’hora escalivar a l’esquerra i les seves organitzacions i posar-se al servei dels sector socials més reaccionaris. Una dreta espanyolista amb una visió del l’estat centralista i uniformitzadora que negà la pluralitat nacional dels pobles d’Espanya perseguint les seves llengües, costums i institucions pròpies. D’aquestes quatre grans contradiccions dues han restat amb una presència conflictiva relativitzada: el conflicte social i el paper dels militars en relació a la societat civil. Les altres dues son encara latents amb prou dosi de dramatisme: la composició plurinacional de l’Estat i les relacions de l ’Església catòlica amb les institucions polítiques dels ciutadans.

En el darrer període republicà la dreta reaccionària considerà que la finalització dels conflictes sols tenia solució eliminant tot tipus de divergència mitjançant un cop d’estat militar que, un cop fracassat, obrí el pas a una cruel guerra, després de la qual centenars de milers de persones foren sotmeses a un veritable holocaust amb milers d’assassinats, camps de reclusió, i centenars de mils d’ empresonats i exiliats amb l’objectiu d’eliminar físicament totes aquelles persones amb idees diferents a les dels guanyadors suprimint i perseguint tots aquells partits, sindicats o associacions que no fossin dels seus. El franquisme, el règim dictatorial dels militars rebels, agreujà les contradiccions esmentades i impossibilità el que les generacions anteriors a les nostres arrangessin els problemes, encara avui vius, i empitjorà els seus efectes nocius. La irresolució d’aquests ens situa avui front a una problemàtica fins a un cert punt anacrònica i ens indica fins a quin límit s’ha perdut el temps, aquell que el franquisme ens segrestà i que mancà per fer front a uns problemes que fa temps que haurien de haver estat resolts de manera civilitzada. Una guerra devastadora i un règim dictatorial i venjatiu fonamentat en la repressió i tot plegat més de quaranta anys de retràs en la solució d’unes qüestions que alguns voldrien veure-les plantejades com si estiguéssim al dia després del darrer part de guerra del general Franco.

És senzillament ridícul que, en aquestes altures, alguns dubtin de que Catalunya o el País Basc són una nació o que l’Estat ha de ser necessàriament laic. Així mateix hi ha diverses comunitats territorials amb un especial esperit identitari que cerquen un espai adient que tal volta només trobarà comoditat en un futur estat federal. Segurament, si sabem solucionar cívica i correctament ambdós problemes, hi haurà elements suficients com per afirmar que la transició cap a la normalització democràtica ha clos del tot. Les reformes estatutàries i la nova Llei Orgànica Educativa poden ser trajectes polítics que ens ajudin a apropar-nos a l’objectiu de trobar solucions estables a la normalització de les relacions entre ciutadans i institucions i, perquè no dir-ho, acabar amb la violència i el terrorisme al País Basc sota la premissa d’una solució de concòrdia.

28 de desembre del 2005
Pep Vilchez

Memoria, reconciliación y transición

El pasado 27 de septiembre el Grupo Socialista (PSIB-PSOE) realizó en el Parlament Balear una proposición no de ley dirigida a la recuperación de la memoria histórica de la Guerra Civil y la posguerra contando con el apoyo del PSM, EU-Els Verds y UM y la oposición del PP, 28 votos a favor de la proposición y 29 en contra. Las palabras del portavoz popular, Joan Huguet, fueron hirientes al calificar la proposición socialista como "una farsa basada en una tragedia". Posteriormente el portavoz popular ha precisado su opinión (DM 3/10/2005) quitando hierro a su vehemencia parlamentaria. El hilo argumental del PP para oponerse a la propuesta socialista es el de siempre: "no resucitar fantasmas". Parece ser que a más de treinta años de la muerte de Franco y casi setenta de su sublevación no es tiempo suficiente como para analizar el franquismo con perspectiva histórica sin necesidad de beligerancia alguna.

La coartada está en que la transición hacia la democracia puso punto final y no cabe hablar más de ello. Cuando las Cortes aprobaron en 1978 el proyecto de Constitución ésta fue sometida a referéndum. En aquella ocasión mi voto no sólo fue afirmativo sino que realicé campaña a favor del sí. De todo ello nunca me he arrepentido y si volviera a suceder actuaría de igual manera, siendo falso que en aquel período existiera en el ámbito político consigna alguna en relación a silenciar tal o cual aspecto relacionado con la guerra civil o con el franquismo. Sólo el sentido común aconsejaba priorizar la llegada de la democracia sobre cualquier otra consideración. No se pidieron cuentas por los crímenes y tropelías cometidos durante y después de la guerra por las huestes de los generales golpistas y si entonces no cupo esta actitud menos cabe ahora que los protagonistas han finalizado su ciclo biológico natural. A otras dictaduras sí se les ha pedido cuentas y se han abierto causas incluso desde aquí como ha sucedido con las actuaciones del juez Garzón con las dictaduras del cono sur americano.

Pero el que la transición haya sido generosa y haya mirado hacia el futuro para propiciar una verdadera reconciliación cívica no debe ser obstáculo para llamar a las cosas por su nombre y en exigir que la verdad -toda y no sólo parte- aflore y sea conocida por las futuras generaciones que deben saber lo que fue y significó el nazi-fascismo ya sea italiano, alemán o español. No puedo dejar de considerar como mezquina la chanza con que algunos articulistas de renombrado raigambre derechista tratan el tema de la contienda civil y del franquismo. Deben enterarse de una vez que sí, que todavía, por desgracia, hay cosas que aclarar. En primer lugar saber cuantos, quienes y dónde fueron asesinados aquí en Mallorca y, en todos los casos, que sus familiares sepan dónde reposan sus cuerpos y sobre todo que el sacrificio de su muerte quede compensada con el reconocimiento de todos los demócratas ya que al fin y al cabo su muerte fue por la causa de la libertad.

Hay que recordar, una vez más, que la derrota de la República ante las fuerzas militares que se alzaron en su contra no fue más que un prolegómeno de lo que luego sucedió en el resto de Europa y del mundo. La Guerra Civil no sólo represento el fracaso de la República sino el de todo el país que perdió la oportunidad histórica de encontrar equilibrio, estabilidad y progreso. El mismo abanico de fuerzas que se enfrentó a las formaciones militares africanas formadas por regulares y legionarios apoyados por la Legión Cóndor y el Grupo de Tropas Voluntarias italianas tuvieron que batirse en múltiples escenarios contra las fuerzas del Eje. Tras la victoria aliada el régimen franquista fue internacionalmente repudiado y excluido durante un largo período de la comunidad internacional de naciones. Por razones de carácter internacional el régimen franquista se perpetuó tras un barniz anticomunista y negó a todos los ciudadanos derechos cívicos y democráticos irrenunciables.

Si, es preciso saber. Saber cuantos murieron, conocer las fosas comunes o entierros irregulares, proceder a la rehabilitación de los nombres de aquellos que sufrieron procesos judiciales sin garantías, proporcionar los honores debidos a los cargos perseguidos por sus ideas democráticas y eliminar todos los símbolos fascistas para cerrar de forma elegante y definitiva una puerta aún hoy entreabierta.

17 de d'octubre del 2005
Pep Vilchez